Una decisión “a dedo” de la FIFA, y no las bolillas del sorteo del Mundial de España 82, impidió lo que, con seguridad, hubiese sido el partido de fútbol más apasionante de la historia.

El 2 de abril de ese año Argentina invadió sus propias islas Malvinas e Inglaterra, que las mantiene ocupadas, le declaró la guerra. Se enfrascaron en combate y en ello estaban cuando comenzó el Mundial en Barcelona con el juego Argentina-Bélgica.

Que pudo o debió ser Argentina-Inglaterra. Ocurrió que Bélgica iba a ser cabeza de serie, con lo cual no enfrentaría a la Albiceleste, pero en la misma mañana del sorteo de grupos (seguramente para evitar un encuentro tan áspero e inoportuno) la FIFA cambió: decidió conceder ese rango a Inglaterra “por ganar el Mundial 66 y haber inventado el fútbol”, hechos incuestionables, aunque desfasados.

Eso evitó el increíble choque. Porque los cabezas de serie no se enfrentan entre sí.

De haberse dado ese Argentina-Inglaterra mientras libraban una guerra, el mundo habría asistido al evento deportivo con mayor morbo que jamás se hubiera imaginado.

Y ello sin contar la rivalidad histórica entre ambas naciones, en fútbol y demás ámbitos. Sin embargo, el sorteo quiso que se vieran las caras cuatro años después, en México 86, cuando Argentina se impuso 2 a 1 con los célebres goles de Maradona, el de la ‘mano de Dios’ y el otro en el que se gambeteó hasta a la reina Isabel.

Electrocables Barraza

La decisión de la FIFA de excluir a Rusia del Mundial de Qatar y ahora del de América del Norte por su invasión a Ucrania trajo a colación las repercusiones deportivas que los distintos conflictos bélicos ocasionaron en los mundiales de fútbol.

El primer coletazo fue en 1916. Aún no existían los mundiales (comenzaron en 1930), el torneo ecuménico de fútbol era el de los Juegos Olímpicos.

Tocaba disputarlo dentro de las Olimpiadas de 1916 en Berlín (nada menos), pero fueron anulados a causa de la Primera Guerra Mundial, de la que justamente Alemania fue su propiciador.

Bolivia y Paraguay habían disputado en Uruguay el primer Mundial, pero en 1934 ni tiempo tuvieron de pensar en asistir a la segunda edición, en Italia: estaban trenzados en la terrible guerra del Chaco (1932-1935).

No solo no competían sus selecciones, tampoco había torneo nacional. Más que eso, el tradicional club The Strongest aportó al ejército boliviano un batallón completo de 600 combatientes compuesto por sus jugadores del primer equipo, dirigentes y socios, lo cual es reconocido como una gesta nacional.

Ganaron una recordada batalla en Cañada Esperanza y en homenaje se la denominó Cañada Strongest.

Electrocables Barraza

España ya había demostrado ser una fuerza considerable en los Olímpicos de 1920 (fue subcampeón), pero no pudo participar del Mundial de Francia 1938 por hallarse en plena guerra civil (1936-1939), una de las contiendas internas más graves de la humanidad.

Tampoco Austria, ya clasificada, participó como Austria, pues había sido anexada por Alemania. Hitler ordenó que jugara un equipo mixto entre alemanes y austriacos.

La atroz Segunda Guerra Mundial arrastró en su curso de muerte y destrucción las Copas del Mundo que debieron disputarse en 1942 y 1946, anuladas para siempre. El torneo regresó recién en 1950 en Brasil.

La FIFA celebró que se realizara en Sudamérica y no en Europa, que aún buscaba reponerse de los estragos bélicos. Brasil vivía en paz y en moderado progreso. Preparó para la competencia el grandioso Maracaná y la ausencia de Argentina le permitía pensar con cierta seguridad en coronarse, pero apareció la gloriosa Celeste uruguaya y le arrebató el sueño.

Costó reinstaurar la magna competición: solo trece equipos se presentaron en Brasil. Y algunos de ellos como invitados.

Electrocables Barraza

Alemania y Japón, las potencias del Eje, estuvieron imposibilitados de intervenir. Ambos estaban en ruinas, no se puede jugar entre escombros. Aparte de ello, la FIFA los había expulsado como miembros en castigo por el desastre causado.

Firmada la paz, en noviembre de 1945 volvió el fútbol en Europa con un amistoso entre Suiza e Italia en Zúrich. Las autoridades de la FIFA aprovecharon la ocasión para retomar sus reuniones.

No lo hacían desde 1941. “La máxima cordialidad ha presidido esta última reunión en la que considero se ha hecho buen trabajo. No ignoran ustedes que Alemania y Japón han sido eliminados de la FIFA y la decisión sobre Italia queda subordinada a la política que, a su respecto, adoptarán las Naciones Unidas”, declaró su presidente, Jules Rimet, al retornar a Francia.

Finalmente, a Italia sí se le permitió acudir a Brasil, porque era el último campeón y porque Ottorino Barassi, presidente de la federación italiana, había guardado celosamente el trofeo en una caja de zapatos en su casa para que no lo arrebataran los militares alemanes.

Alemania, aún dividida, retornaría en el Mundial de Suiza 1954 para ganarlo, en lo que se denominó “el milagro de Berna”. La gesta alemana posiblemente no se repita nunca.

En los dos mundiales a los que acudió dividida como coletazo de la Segunda Guerra conquistó el título; 1954, cuando enfrentó la eliminatoria como Alemania Federal, Alemania Democrática y el Protectorado del Sarre. Y 1974, cuando incluso se midieron las dos primeras con triunfo de la parte comunista.

En las décadas de 1950 y 1960 muchos países de Asia y África no tomaron parte de las justas mundialistas, estaban ocupados en sus guerras de independencia. Eran incluso colonias. Primero nacieron como países libres y luego se afiliaron a la FIFA.

Causó sorpresa que en México 86 se presentara Irak mientras sostenía su larguísima guerra con Irán. Y, más curioso, que fuera esa su única incursión mundialista. En 1994 le fue prohibido a Yugoslavia concursar en EE.UU. 94.

Aún existía como entidad política la Federación Yugoslava, compuesta por Serbia y Montenegro. Pero dado que Serbia desató la guerra de los Balcanes, fue excluido de la Eurocopa 1992 y no se le permitió ser parte de la eliminatoria del Mundial 94.

No obstante, el país más perjudicado de todos por las guerras en relación a los mundiales fue Argentina, pese a no haber intervenido en los dos grandes litigios mundiales. Su llamada Época de Oro transcurrió en los años 40 y comienzos de los 50.

Al no haber torneos en 1942 y 1946, el gran público internacional se perdió de ver a aquellos fenómenos como el Charro Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna, Antonio Sastre, Vicente de la Mata, Tucho Méndez, René Pontoni, Rinaldo Martino, Alfredo Di Stéfano, Pipo Rossi y decenas más.

La Copa América era un torneo de élite, quien lo ganaba era potencia universal, como lo había demostrado Uruguay en 1924 y 1928. Y Argentina había conquistado la corona en 1941, 1945, 1946 y 1947.

Pero otro suceso ratificaría la demostración de su poderío. San Lorenzo de Almagro, brillante campeón argentino de 1946, fue invitado a realizar una gira por Europa.

Deslumbró de tal manera que en España se dijo que el fútbol se dividía “en un antes y un después de San Lorenzo”. El Ciclón goleó 10 a 4 a la selección de Portugal y 7-5 y 6 a 1 a la de España. Y era apenas una expresión de club del fútbol albiceleste.

Argentina participó en Italia 1934 con un equipo aficionado mientras cuatro de sus profesionales ayudaron a la Azzurra a conseguir la corona.

Luego, la AFA estuvo ausente de los mundiales durante 24 años. Demasiado tiempo perdido. (O)