Una pena. Un campeonato de fútbol de 16 equipos y 30 fechas definido en una final de waterpolo. Todo un año luchando por la corona y se jugó en una piscina. ¿Y el espectáculo futbolístico…? ¿Y el público…? ¿No cuentan…? Después de varias horas diluviando las autoridades de Liga Pro dejaron en manos del árbitro Augusto Aragón la decisión de disputar el partido más esperado del año. Y el señor Aragón dispuso que se juegue sin siquiera haber hecho picar el balón, requisito esencial que pide la FIFA para autorizar el juego. Que ya en el primer minuto se vio que no picaba. Si la decisión de jugar o no es resorte del juez, éste está obligado a hacer botar el balón. No lo hizo. Tampoco rodaba, se frenaba en grandes sectores del terreno. Faltando 19 días para el fin de año y cuatro meses para que ambos conjuntos comiencen su participación en Libertadores, daba para postergarla diez veces si hacía falta. ¿Por qué no se pospuso al menos por veinticuatro horas…? ¿Qué imperiosa necesidad había de jugar en condiciones tan desfavorables, que alteraron completamente la naturaleza del juego…? El lunes no llovió y el campo ya había drenado, estaba impecable. Queda claro: no hubo interés.