Cuando se habla de las familias que nutrieron de cracks al fútbol porteño no se puede dejar de mencionar a la más pródiga de ellas: la de los Suárez Rizzo. Empezó a hacerse notar en el deporte a fines de la década de los años 20 con Alejandro, quien hizo pareja en la defensa con Lucho Hungría en enero de 1932, cuando Liga Deportiva Estudiantil (LDE) obtuvo su primera victoria internacional al derrotar al Juvenil Esparta, de Tocopilla, Chile, en el viejo estadio de Puerto Duarte.