Mi columna del domingo pasado retrató la emoción que me produjo –y a todo el país futbolero– el gran desempeño de nuestra Selección ante Países Bajos. Fue una excelente demostración de calidad y pundonor. La Tricolor no se cayó anímicamente pese al gol recibido cuando recién se cumplían 5 minutos. Cuando pensábamos que los más jóvenes no iban a digerir el impacto emocional del contraste, surgieron la casta y el coraje que siempre reclamamos a nuestros representantes. Y no era un partido cualquiera, el rival era Países Bajos, una selección que nos llevaba 36 puestos en el Ranking FIFA. Era el tres veces finalista de la Copa del Mundo; el que inauguró en 1974 una escuela conocida como la del Fútbol Total, concebida por el técnico Rinus Michel y comandada en el césped por Johan Cruyff.