En medio de la oscuridad, la inseguridad y los trastornos psicológicos —como la desazón, zozobra, desasosiego, disgusto, pesadumbre, contrariedad, desagrado, intranquilidad, nerviosismo y enfado social— que esto produce, parece no existir un medicamento que nos devuelva la fe en el futuro, la esperanza en días mejores y la convicción de que el país retomará la utópica senda del progreso.