El martes anterior decidí asistir al ciclo de conferencias organizado por el Foro Río Guayas, una agrupación cívica que lucha hoy por “devolver al río la importancia que siempre tuvo, no solo como una alternativa de transporte, sino por el potencial turístico que este posee y que, según el colectivo, ha sido muy poco explotado”, como decía una nota de EL UNIVERSO. Las disertaciones abordaron los problemas que afectan hoy al río, al punto de haberlo convertido en un desierto líquido en el que ya no circula la enorme cantidad de lanchas de pasajeros y carga. No se escucha ya el timbre que en los muelles anunciaba la partida de las embarcaciones hacia los pueblos del norte y del sur costeño.