Nació en 1934, año mundialista, lo que marcaría su vida. Fue durante cincuenta años el comentarista número uno en un país donde hasta las mujeres comentan fútbol. Condujo el ciclo Fútbol de primera, que monopolizaba la audiencia, entre 1985 y 2009.

Enrique Macaya Márquez, figura estelar del análisis futbolero en la televisión argentina, recibió en Catar 2022 el reconocimiento de la FIFA y la AIPS (Asociación Internacional de la Prensa Sportiva) al periodista en actividad con más mundiales de cobertura: 17.

Para lo cual llevó comedidamente sus diecisiete credenciales.

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Y decimos “en actividad”, pues a los 91 años no ha colgado del todo el micrófono. En 2024, con 89 años, volvió a comentar por TV un partido de Copa Sudamericana. A 63 días del comienzo de Canadá, Estados Unidos y México 2026, tiene las maletas listas para asistir a su número 18.

Aunque aún no está confirmado. Aportaría comentarios históricos, análisis, participaciones especiales en transmisiones y su simbólica presencia. Telefé sería el medio que lo llevaría.

Electrocables Barraza

-¿La verdad?… A esta altura cambiaría un Mundial por dos añitos menos-, nos dijo bromeando, cuando lo entrevistamos durante el torneo de Sudáfrica 2010, pero se anotó tres mundiales más.

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Y hoy, a los 91, se lo ve grande pero impecable a Macaya (así lo llaman sus colegas). Física e intelectualmente luce bien, fresco.

Lo entrevistamos en Johannesburgo en el IBC (International Broadcast Center), el gigantesco conglomerado que la FIFA monta en cada Copa para los medios audiovisuales.

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Allí están concentrados todos los canales y radios del mundo con derechos de transmisión. A cada uno se le asignan estudios, oficinas, dependencias. En ese ambiente, Macaya es un patriarca.

Fue durante décadas el analista estrella de Torneos y competencias y todos los periodistas internacionales requerían su opinión.

Electrocables Barraza

-Debuté en los mundiales en 1958. Era mi primer viaje a Europa, no sabíamos ni a dónde íbamos. Teníamos que encontrarnos en Hamburgo con el coordinador de radio Belgrano, para la cual fui a Suecia.

Y en pleno vuelo nos dimos cuenta de que el avión iba a Fráncfort (sonríe). Fue el Mundial en el que Checoslovaquia goleó a Argentina 6 a 1. ¡Qué vergüenza…! Yo era de los que pensaban que Argentina era el mejor del mundo. No solo en fútbol, en todo.

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Ahí me di cuenta de la realidad. Llevaba tres años sin fumar, de la conmoción volví al cigarrillo.

-¿Cómo se trabajaba para la radio en aquella época?

-Radio Belgrano compró un circuito telefónico y había una hora fija para transmitir. No teníamos retorno, no escuchábamos a nuestros compañeros en Buenos Aires, era un riesgo, no sabíamos si estábamos al aire y cómo estábamos saliendo.

Pero era lo que había, cuando llegaba el momento contábamos hasta diez y empezábamos: “Buenas noches, amigos oyentes…”. Si salía, bien, y si no salía ni nos enterábamos.

En la Argentina, cuando alguien alardea de tácticas o de conocimientos técnicos en una reunión familiar, un asado en el club o en la discusión oficinesca, los amigos lo frenan con un lugar común: “¿Quién sos, Macaya Márquez…?”.

Electrocables Barraza

-En Chile 62 asistimos al primer pacto de no agresión de los mundiales, algo que está olvidado. Inglaterra, un país capitalista, acordó el empate con la entonces Bulgaria comunista. Algo que solamente en el fútbol puede pasar. Con la igualdad, Inglaterra clasificaba por diferencia de gol y eliminaba a Argentina. Bulgaria no tenía nada que hacer, pero no quería perder con los ingleses. Y salieron 0 a 0. Nunca vi algo igual, parecía un partido de tenis. Nadie cruzaba la mitad de la cancha, si la pelota caía en campo contrario, la devolvía el rival, así todo el tiempo.

Le quedó un buen concepto de ese Mundial.

-Ya se viajaba bien, estuvo organizado con eficiencia, los estadios eran buenos. Porque en Suecia se jugó en estadios chiquitos, de madera.

No había centros de prensa; a cambio, el contacto con los jugadores era total, explica.

-Nos alojábamos en el mismo hotel que el equipo y estábamos todo el día con ellos. Hacíamos las entrevistas que queríamos. Íbamos al entrenamiento y entrábamos hasta en el campo de juego. Ahora eso es imposible. Los jugadores cambiaron, pero ojo, los periodistas también cambiaron.

Define al de 1966 como un gran Mundial.

-Ya se había progresado mucho, aunque no había televisión en directo. Los partidos se filmaban y se mandaba la cinta por avión. En Argentina, por ejemplo, se pasaban dos días después. En México 70 apareció el satélite y los partidos en vivo.

Por primera vez no fue enviado por un medio en particular.

-No me quería perder el torneo y fui como colaborador libre. Seguí a Perú, que era una gran selección, y a Brasil, cuya conformación aún hoy me resulta extraña: una delantera con cinco números 10. Jairzinho, Gerson, Tostão, Pelé y Rivelino. Fue un equipo excepcional.

-¿Ese Brasil del 70 fue el mejor que viste en los mundiales?

-No, la Holanda de Rinus Michels. Eso fue una revolución, algo increíble, que no se repite nunca más. Y mirá cómo son las cosas, perdió la final… Cruyff decía que si volvían a jugar mil veces ese partido no lo perdían más, pero que ahí les faltó experiencia.

Considera a México 70 como la mejor de todas las ediciones.

-Fue la máxima expresión del fútbol bien jugado, ofensivo, creativo y espectacular.

La Copa de Alemania 1974 trajo una novedad, dice.

-Cubrimos todo el Mundial, como se hace ahora. Porque antes cada cual seguía a su selección y nada más. Allí ya hice televisión, trabajé para Canal 7, el estatal. Asistí a un suceso irrepetible: el surgimiento de esa Holanda, una verdadera Naranja Mecánica. Cuando terminó el partido que le ganó a Argentina 4 a 0, Osvaldo Ardizzone, un extraordinario periodista, me dijo: “Vamos a tener que inventar palabras, porque con las que hay en el diccionario no alcanza para explicar esto". Ese equipo sí que revolucionó el fútbol.

Hace un salto de cuatro años y cae en su propia tierra.

-Del 78 tengo un lindo recuerdo, porque vi por primera vez campeón a Argentina. Fue un Mundial que quedó manchado por la situación política del país, pero estuvo muy bien organizado, de alto nivel, sobre todo en materia de televisación.

-¿Y el polémico partido Argentina 6 - Perú 0…?

-No hubo nada, simplemente un equipo avasalló al otro. Además, ese Perú no era gran cosa, no hizo nada en esa Copa. Y, por último, Argentina pasó a la final y le ganó a Holanda, el fútbol del momento. Le hizo tres goles. El problema fue que Brasil se retiró invicto y por eso se levantaron sospechas.

Para 1982, Macaya ya era la figura central del comentario en la Argentina y se aprestaba a viajar a su sexto Mundial. Ni soñaba con cubrir once más.

-El Mundial es mucho más que fútbol: es cultura, política, sociedad y emociones.

-¿Cómo ves el tema de la tecnología aplicada al fútbol?

-El fútbol se oponía a la tecnología, pero el mundo ha avanzado demasiado en ese sentido. Si luego la televisión nos va a mostrar desde distintos ángulos si la pelota entró o no, el fútbol no se puede quedar en la anécdota, tiene que adecuarse a la época. Al menos en ciertos aspectos puntuales. La pelota fue cuestionada, no sé si es buena o mala, pero si se la modificó para darle más emoción al espectáculo y que haya más goles, no estoy de acuerdo, prefiero una gran atajada que un gol tonto.

Solo cinco mundiales se jugaron sin Macaya... (O)