Era una prueba de fuego: jugar de visita ante el mejor equipo del mundo, ganador del quintuplete: Premier League, Copa Inglesa, Champions, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes. Todo eso es este Manchester City de Pep Guardiola, además de su juego abrumador. Enfrente, un titubeante Chelsea decimoprimero en las posiciones con diez derrotas en 24 presentaciones. No pintaba difícil sino mucho más que eso: terrible, intimidante. Pero también una extraordinaria oportunidad para el Chelsea de dar un golpe de autoridad. Una ocasión magnífica para Mauricio Pochettino de mostrar por qué lo contratan los grandes clubes europeos, aunque siempre se duda de él. Y, sobre todo, una excelente circunstancia para Moisés Caicedo de demostrar si no da la talla como afirman los medios ingleses o si es un fenómeno como lo promocionan algunos medios virtuales y tuiteros ecuatorianos.