Les llevó años, pero tal vez se recuerde como la más paciente tarea de destrucción de un equipo maravilloso. Y de un club fantástico. Hablamos del FC Barcelona. Por una vez se alinearon los planetas: un gran presidente -Joan Laporta-, un técnico joven, inquieto e inteligente -Pep Guardiola- y un plantel rebosante de talento con Xavi, Iniesta, Puyol, Piqué, Valdés, Busquets, Pedro, todos de inferiores, con el ADN futbolístico de la casa; a ellos se agregaban los foráneos Ronaldinho, Yaya Touré, Dani Alves, Abidal, Thierry Henry, Eto’o… Y en lo alto de la torta, la joya: Messi. El resultado fue un excepcional ballet de fútbol asociado, preciosista, ofensivo y letal que aplastó a sus rivales por varias temporadas e hilvanó título tras título. Unió espectáculo y eficacia, que rara vez contraen matrimonio. Sólo el Santos de Pelé, otra maquinaria bella y contundente, resiste la comparación. Ambos duraron mucho tiempo y en ello también superan a cualquier otro.