Defender los intereses de un club, en teoría, es una de las misiones del directorio que lo gobierna. Pero en el caso de Barcelona, especialmente en lo que va del siglo XXI, la consigna no se ha cumplido a cabalidad. Y de errores como el fichaje del multilesionado argentino Rolando Zárate en el 2008 –la peor contratación en la historia canaria; su pase costó $900 000 y ganó una demanda por $1,6 millones– se pasó al error de Ariel Nahuelpán en el 2017.