Inesperada, agónica, confusa, casi extraña victoria de Colombia in extremis. Uno a cero a Perú a los 93 minutos en una acción que nadie ni las cámaras pudieron determinar si el balón ingresó o no en el arco incaico. Muy buena ocasión, por cierto, para dimensionar cómo ese gran impostor que es el éxito puede cambiar en el último segundo la percepción de la tarea realizada. Todas las frases que hasta un segundo antes se pronunciaban frente a los televisores colombianos (“Uuufff, qué desorden”… “No jugamos a nada”… “Que vuelva Pekerman”…), etcétera, fueron sustituidas en el acto por muchas otras del tipo “No se jugó bien, pero al menos se ganó”… “Hay que mejorar, aunque siquiera volvimos al triunfo”… “De a poco el barco se va enderezando”… “Bien ese muchacho Morelos”… O sea, de cómo el resultado acomoda el análisis.