Fue hace cuarenta y seis días. Iban 78 minutos del juego Barcelona-Betis cuando el cuarto árbitro levantó la chapa anunciando un cambio: sale Carles Pérez y entra Ansu Fati, un chico morenito de 16 años. Un cosquilleo que encerraba varias sensaciones recorrió la mente y el cuerpo de millones que mirábamos el partido: asombro, alegría, ilusión. Asombro porque un muchachito con cara angelical esté debutando a esa edad en el Barcelona (¡nada menos…!), alegría por ser testigos contemporáneos, ilusión de que confirme su promesa de crack. Ansu dibujó varias gambetas y fintas que convirtieron la noche en día, la adustez en sonrisas, el pesimismo en esperanza. Una pregunta recorrió el cielo del fútbol: ¿ha surgido un fenómeno? Lo seguro es que los 79.160 espectadores ya están pensando “yo estuve ahí”.