Llueve y llueve en Buenos Aires, ha caído la noche, no es óbice para que enjambres de impermeables y paraguas amarillos y azules se vayan acercando a la Bombonera, el mítico estadio de Boca Juniors. ¿Si hay un partido importante...? Estando Boca, todos los partidos lo son. Las pizzerías rebosan de hinchas. Ver a Boca y comer pizza es una tradición centenaria. También se llenan bares y oscuros bodegones ya sin fe de convertirse en prósperos establecimientos. Nunca serán coquetos, pero mientras juegue Boca, tendrán días felices. Son parte de este universo tan peculiar que es La Boca. El arrabal más pintoresco de la capital argentina se agita como desde hace un siglo cuando hay fútbol. La simbiosis entre el barrio y su club de fútbol es absoluta. El barrio dio su nombre al equipo, este pagó con fama a la comarca.