Se sabía: un equipo que entró por una rendija a los cuartos de final no iba a jugarle de igual a Brasil, que venía del 5-0 a Perú con formidable actuación. Y fue: Paraguay se preparó como lo hacen en la Florida para defenderse de los huracanes, tapió su arco, trabó puertas y ventanas. Una línea de cinco atrás y otra de cuatro diez metros más adelante. Y Brasil sopló fuerte, arreció, empujó, hasta finalmente amainar.