Mientras veía el partido de la Copa Sudamericana contra Libertad, la noche del miércoles pasado, pensaba: ¡A Barcelona le falta un volante más!, ¡debe fortalecer la banda izquierda!, ¡no tiene posesión!, entre otras cosas. Pero la realidad es que, cuando se permite tirar centros con tanta facilidad, cuando se cabecea mal, o le cabecean a la zaga con limpieza en el área, cuando se pierden todos los balones divididos, no importa mucho el esquema o cualquier estructura táctica que se plantee como entrenador.