A finales del año pasado el mundo de la cirugía estética vivió en estado de alerta por el escándalo desatado luego del descubrimiento de implantes mamarios defectuosos de la marca francesa PIP.
Esta situación que llevó al anuncio de retiro de las prótesis, por parte del gobierno francés, luego que investigaciones revelaran que contenían un aditivo para carburantes, se agravó en países como Argentina, Brasil e incluso Ecuador, mercados donde también se distribuyeron estos productos estéticos.
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Según expertos entrevistados, para evitar poner en riesgo su salud, el cuidado empieza desde la elección del especialista que realizará la operación.
Adriana Galárraga, directora de Marketing de la marca Sebbin, de Francia, indica que los implantes, en su mayoría, vienen con un código de seguridad y numeración único, información que sirve a la paciente para revisar la procedencia y fabricación de este.
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“La paciente tiene que exigir la credencial que está dentro del implante (...) Es importante que la paciente consulte con su cirujano plástico de preferencia y le exija las garantías del producto y el registro sanitario ecuatoriano que le permite circular dentro del país al implante”, expone.
La calidad del implante, enfatiza, también se puede verificar al momento de tocarlo. “Si lo tocas y te queda la mano húmeda entonces hay fuga de silicón, eso habla mucho de la calidad”, expresa.
Roberto Bitar, cirujano plástico ecuatoriano, menciona que además de elegir a un especialista certificado, la paciente debe someterse a exámenes de sangre, valoración cardiaca y mastológica, para verificar el estado de las mamas, y después de este procedimiento –si los resultados salen favorables– se procede a la intervención.
Encontrar una tumoración dudosa, diabetes descompensada y problemas cardiacos severos son casos que impiden a una mujer ser intervenida, dice Bitar. “Es preferible que se quede con sus mamas pequeñas a que ponga en riesgo su vida y eso debe saberlo el médico”, recalca el especialista.
La edad más favorable para colocarse un implante, explica Bitar, es después de los tres años de su menarquia (primera menstruación), en el caso de las más jóvenes, es decir a partir de los 17 o 18 años.
Bitar afirma que el tiempo de duración del implante dependerá de su calidad. Hay implantes que se cambian cada seis, ocho o doce años; en el caso de la marca Sebbin la garantía es de por vida, dice.
Manifiesta también que no hay motivo para que un implante esté mal, pero debe acercarse a su doctor si ve cambios de coloración en su piel y siente molestias en la mama luego de la operación.
“Solo se puede dar la calidad de un implante en la duración”, destaca el francés Diederik van Goor, director de Sebbin.
Van Goor expone que cada uno de los implantes de la marca que él dirige tienen un código de seguridad, que debe ser entregado a la paciente una vez que el médico realice la intervención. Con esta tarjeta, se ingresa al sitio web de la compañía y deja sus datos.
Así, añade, la empresa tiene el registro del implante, el dueño y el país en donde se encuentra el producto.
“La calidad del implante también se puede verificar al momento de tocar el implante. Si lo tocas y la mano te queda húmeda, entonces hay fuga de silicón”.
Adriana Galárraga