Invitado por la Universidad Casa Grande para conmemorar sus once años de creación, nos visitaron el biólogo y filósofo chileno Humberto Maturana y la doctora Ximena Dávila.

Maturana empleó la palabra lenguajear para definir el momento de la aparición de los seres humanos, ocurrió cuando se empezó a lenguajear, es decir a usar el lenguaje para expresar pensamientos y sentimientos. Desde entonces en un mundo humano, el lenguaje, el diálogo, la conversación son básicos para definirnos como tales. En él, la característica es la palabra como forma de comunicación y base de la organización. La palabra derrota a la fuerza en cualquiera de sus expresiones, cuando se trata de grupos que intentan crecer en humanidad.

El diálogo no es informar, no es convencer, es escucharnos y acordar para colaborar. En palabras de Maturana “convencer significa vencer al otro” Conversar, en cambio es “quiero escuchar al otro, respetar al otro, porque me respeta. A veces escuchamos esperando que el otro valide lo que decimos, porque creemos tener la razón, entonces qué conversación hay cuando cada quien escucha desde sí”.

He citado a Maturana, porque como toda la ciudadanía de nuestro país, he estado tratando de encontrar una explicación a los inaceptables hechos ocurridos recién.

Probablemente hay más de una respuesta. Yo la busco desde algo que define la condición humana: la comunicación por medio de la palabra.

Cuando renunciamos a la palabra y elegimos la fuerza como forma de comunicación, disminuimos la condición humana, tanto como cuando pretendemos imponer nuestra palabra, irrespetando al otro.

Los reclamos de la Policía, debieron presentarse por la vía de la palabra, sin recurrir a la fuerza, que dejó al país en las manos del hampa y sin irrespetar la seguridad de otros, incluyendo, por supuesto, la del Presidente de la República, que no importa si somos sus partidarios o no, si nos resulta simpático o no, importa primero que es un ser humano y luego que es autoridad legítimamente constituida. Cierto es, también, que el Gobierno y grupos afines han irrespetado más de una vez las leyes, las instituciones y las personas, pero eso también debe merecer nuestro rechazo.

Más allá de los intereses de grupos, de gremios, de partidos, está el interés del Ecuador, la necesidad de construir una sociedad en la que la seguridad en todos los aspectos se derive del respeto de los ciudadanos entre sí, de la autoridad a la ciudadanía y de esta a la autoridad, pero también del respeto a las leyes y a los procedimientos del estado de derecho.

Debemos convertir los repudiables hechos del 30 de septiembre en momento decisivo, en ocasión para definiciones. Maturana planteó que obedecer es hacer lo que se nos pide hacer aunque no sea lo que queremos hacer y que colaborar es hacer lo que se nos pide hacer porque queremos hacerlo. La democracia, dijo, es colaboración y en época de crisis, lo que se requiere es más democracia. Por supuesto, llegar a la colaboración requiere diálogo verdadero, es decir, el deseo de conversar para llegar a acuerdos. Ojalá de esta crisis aprendamos que el país es de toda la ciudadanía, de izquierda, de derecha y del centro y que el pensamiento único y el uso de la fuerza nunca han sido la mejor forma de construir democracia.