Ese pedazo añadido por las Hermanas Contemplativas, quienes elaboraron esta preciada pieza, forma parte de otros signos religiosos: una medalla de la Inmaculada Concepción, otra del Sagrado Corazón de Jesús y astillas de los féretros de las monjas que han dedicado su vida a la elaboración de las bandas presidenciales.
El recuerdo de la santa Mariana de Jesús es especialmente valioso para los mandatarios, ya que fue ella quien dijo esa frase que se la repite cada vez que se requiere rectificaciones del régimen de turno: “El Ecuador no se acabará por terremotos, sino por malos gobiernos...”.
Publicidad
Dos días después del triunfo de Lucio Gutiérrez, el 26 de noviembre del 2002, un representante del presidente electo llegó con una chaqueta del futuro mandatario. Así determinaron que el largo de la banda tricolor sería de 1,3 metros.
No es la primera vez que esto sucede. Ningún presidente electo ha ido a tomarse las medidas. Peor alguien de ellos se ha molestado por saber quiénes hacen este trabajo de cientos de horas de concentración y paciencia. Pero, a las Hermanas Contemplativas, eso no les importa. Sor Miriam, junto con otras seis hermanas, se turnan para realizar la tarea. Trabajan en silencio todo el día, con una hora de descanso: de 13h00 a 14h00.
Publicidad
La banda es elaborada sobre terciopelo e hilo dorado importado de Italia. No se debe tocar el terciopelo. Si alguien pone un dedo se impregna una horrible marca y se desluce todo el trabajo. Se debe bordar, letra por letra, en cinco centímetros de alto, la frase: “Mi poder en la Constitución”.
Y también hacen el escudo con una exactitud, con una frialdad en los trazos, que más bien parece una acuarela y no una costura.
El bordado de las ramas de olivo del escudo del pabellón se hace sobre verdaderas ramas bendecidas.
Las directrices de cómo hacer la banda están escritas en tres papelitos de cuaderno escolar cuadriculado. Las dejó la hermana Dolores dos días antes de su muerte, en junio pasado. Explicó los secretos de la elaboración de la banda presidencial a sor Miriam, le detalló las medidas para cada pedazo de tela, el bordado de oro, la medida de las letras...
El color amarillo debe tener un ancho de 15 centímetros, el azul cinco, y el rojo nueve para que en el momento de doblarla tenga un aspecto grueso, según las instrucciones.
“La cartulina para bordar el escudo no debe ser ni muy dura, ni muy suave. Se cose con hilo dorado o gusanillo”, dice una de las ciento de notas recibidas por la hermana Miriam Colala de sor Dolores.
Trabajo
La elaboración de la banda presidencial fue contratada por el Servicio de Protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores, a un precio de 2.020 dólares “más el IVA”, aclara la Madre María Teresa Albán, que es quien cerró el negocio.
Para estas religiosas hacer este trabajo es una tradición. Se practican las pautas originales de la banda presidencial, desde que esta congregación le hiciera la primera a Eloy Alfaro.
La recordada sor Dolores, cuyo nombre original era Bertha Alvear, había bordado casi 15 bandas presidenciales desde que ingresó al convento, de la Mitad del Mundo.
La congregación, que tiene su sede principal en Francia, vive económicamente en el Ecuador de lo que produce la confección de banderas de colegios y escuelas de Quito.