Noelia Castillo Ramos tenía 25 años. Ayer fue sometida a la eutanasia que solicitó en 2024. Renunciar a la vida para una mujer tan joven obliga a más de una reflexión. Su historia ha levantado una oleada de señalamientos a la sociedad.
Noelia sufría graves secuelas físicas. Quedó con paraplejia medular completa tras sobrevivir a un intento de suicidio. Se lanzó desde un quinto piso después de una agresión sexual múltiple en 2022.
Desde entonces enfrentaba dolores neuropáticos, incontinencia y la imposibilidad de moverse de la cintura hacia abajo. Una entrevista que dio hace unos días añadió un elemento al debate: la depresión.
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La joven habló de soledad, de abuso de una pareja, de intento de agresión sexual por parte de dos chicos y de un abuso sexual de tres hombres a la vez, cuatro días antes de lanzarse por el balcón. Cuando era adolescente fue separada de sus padres y de 2015 a 2019 vivió en el sistema de centros residenciales del Estado.
Los informes de psiquiatría de su historia clínica señalan que presentaba síntomas depresivos de forma crónica, así como “trastornos de adaptación con síntomas de ansiedad y de depresión”, pero descartan que enfrentara un trastorno mayor que mermara su capacidad de decisión.
En la historia de Noelia confluyen hechos que se deben analizar, y hay que aceptar –para corregir– que la sociedad está generando patrones que terminan en la destrucción de la vida de seres humanos. Primero está el abandono, una familia que debe ser protección y es núcleo de la sociedad.
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Luego el abuso, que cala más cuando hay impunidad y, por tanto, se vuelve repetitivo. Sigue el efecto psicológico y el papel del Estado, que no da herramientas de atención mental a los más vulnerables, a los más frágiles. Noelia se sometió a la eutanasia siendo una víctima de la violencia que la llevó al intento de suicidio, y luego por sus dolores llegó a la muerte asistida. Ocurrió en España, pero ella no es solo una lágrima de dolor: es una lección para todos los Gobiernos y sus sociedades, para ajustar lo que está afectando. (O)


















