El 17 de abril de 2014 se expidió una regulación para el uso de celulares en la aulas de clases en Ecuador, sin embargo, la detección de inconvenientes a nivel local y experiencias en países como Brasil son el argumento del Ministerios de Educación para la elaboración de un nuevo marco que está en desarrollo.
El pasado 13 de enero la ministra de Educación, Alegría Crespo, anticipó los conflictos del uso de la tecnología durante la jornada escolar en educación básica y media. Afirmó que en el bachillerato se trabajará con celulares solo con fines pedagógicos y bajo control del profesor.
El acuerdo ministerial del 2014 disponía que el docente era el responsable de autorizar el uso del teléfono celular en actividades pedagógicas, únicamente para estudiantes de 8.°, 9.° y 10.° grados de educación general básica y 1.°, 2.°, y 3.° cursos de bachillerato.
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Brasil y otros 79 sistemas educativos en el mundo afirman ver resultados positivos en los objetivos planteados con la prohibición o limitación de uso de teléfonos celulares: fomentar la socialización entre el alumnado, evitar distracciones y mejorar el rendimiento académico.
De la banalidad a lo importante
El uso de la tecnología y la edad en que se proporciona un teléfono móvil a los niños es una discusión que se mantiene en la sociedad, lo que se discute menos es que la tecnología es una herramienta valiosa, pero no significa que esté exenta de regulación y controles tanto de maestros como de padres.
Es positivo que se revisen periódicamente las normativas en torno a una herramienta que tiene actualizaciones con acelerada frecuencia. Quienes dirigen la educación tienen el reto y la responsabilidad de actuar de manera técnica y pedagógica para no privar a los estudiantes de conocimientos en materias que son parte del convivir mundial. No es sencillo, por eso mismo, la prohibición con salvedades para determinados niveles, como ha dicho el ministerio, es todo un desafío que se pondrá en ejecución en mayo próximo para el régimen Costa-Galápagos. (O)