En Ecuador la  tasa de analfabetismo es del 3,7 % (472.228 personas) del total de la población de 15 años o más, según el último censo del 2022. Son tres puntos menos que en 2010, cuando el 6,8 % lo era. 

Una porción importante de ese número son los adultos mayores, puesto que los de 65 a 69 años son 52.786. Después de ellos están los que tienen entre 70 y 74 años, con 51.957 personas. De 75 a 79 años, 49.215. De 80 a 84 años, 40.588. Los de 85 años son en total 48.431. Sumando son más de 242.000 los adultos mayores que no saben leer y escribir en Ecuador.

‘Mi papá me dijo que solo quería ir a la escuela para buscar marido... me tenía cocinando y lavando’: ¿cómo está el analfabetismo en Ecuador?

Otros grupos son quienes tienen entre 40 y 49 años, más de 51.000. Además, más de 35.000 entre 30 y 39 años, 17.062 personas analfabetas que tienen de 20 a 29 años y 5.031 de 15 a 19 años.

Publicidad

Hay varios factores que provocan este escenario, como que son personas parte de grupos vulnerables, de la ruralidad y cuya difícil economía familiar ha sido un impedimento para lograr educarse.

El Estado, en especial ministerios como los de Educación y de Inclusión Económica y Social, podrían, pese a la mejora, impulsar más acciones que permitan a estas personas acceder y lograr aprender herramientas básicas para su comunicación, pues muchos de esos adultos mayores estarían gustosos de poder leer y escribir luego de no poder hacerlo en el pasado por diferentes trabas. Así lo muestran publicaciones como una de este Diario, en la que una mujer de 72 años expresó: “Quiero aprender a leer y escribir mientras siga viva”. Nunca es tarde para hacerlo.

Justamente otro punto que afecta más a este grupo etario que a otros es la alfabetización digital, complicación que vive el 8,1 % de la población del país.

Publicidad

Programas en pequeñas zonas urbanas y rurales, según expertos, podrían ayudar a que los adultos y los adultos mayores que no saben usar una computadora y no tienen acceso a internet puedan educarse en este campo.

Estado, academia, incluso el sector empresarial, así como el resto de la sociedad civil pueden aportar a este noble fin. (O)