A pesar de que ya empezó, el inicio formal de la campaña electoral es mañana domingo 5 de enero. Durante los siguientes 35 días el bombardeo de datos ciertos, pero sobre todo falsos, será tan intenso que la población, esta o cualquier otra en condiciones de votar, puede confundirse y empezar a darle valor a una de esas fake news que, sin duda, pulularán. Las granjas de trolls y los youtubers al mejor postor, entran a su momento más rentable, precisamente el electoral.
Si hay fundadas sospechas de que esto ha ocurrido en elecciones anteriores en Estados Unidos; en el Brexit, del Reino Unido; en lo que trasciende de la guerra Rusia-Ucrania; en comicios presidenciales o de cualquier índole en Brasil, qué impediría que pase entonces en Ecuador, donde el respeto y la coherencia digital cede aceleradamente espacio al abuso de teclados inescrupulosos.
A estar atentos entonces, para aminorar el riesgo de manipulación de su voto: si el autor no se identifica, usa un seudónimo, nombre e imágenes falsos, evidentemente creados con inteligencia artificial, no les den crédito de entrada. Hay que verificar al menos en dos otros contactos/fuentes, de manera rápida, si lo que ahí se dice tiene algún indicio de verdad. Si no es posible, descártelo.
Si a pesar de estar identificado el autor del dato supuestamente informativo, se trata de una sola versión, que no aporte elementos precisos, entonces si le toca hacer una verificación un poco más profunda, aunque la falta de tiempo y la ansiedad por consumir el tema sean grandes. Si no puede o no quiere hacerlo, déjelo en el nivel del chisme, hasta que otras fuentes surjan sin que usted las busque, reafirmando lo dicho. Porque de ser cierto, el dato brotará prontamente por otras vías.
Tenga en cuenta que la nueva narrativa, y sobre todo las técnicas de storytelling, han sido tomadas muy en serio por quienes se lucran del mal, más incluso que quienes por décadas nos hemos mantenido en una narrativa neutro, tratando de no contaminar el relato con nuestras afectaciones o intereses. En las granjas de trolls, en cambio, desde hace años vienen capacitando a sus “guerreros” en maneras de empatizar, conectar afectiva y emocionalmente con quienes consumen sus datos, para llegar mucho más rápido a una acción decidida con las vísceras más que con la razón.
La inteligencia artificial y todas sus herramientas digitales son sin duda un prodigio actualísimo no solo de la comunicación si no de infinidad de actividades humanas que antes demandaban de tiempo y esfuerzos que las generaciones actuales prefieren dedicar a “vivir”. Pero esa misma IA puede ser un arma de destrucción masiva si permitimos que desde un teclado se manipule conciencias y se trastoquen resultados positivos para el país.
Mi última recomendación: si tiene características espectaculares, cinematográficas lo que le llega por redes, de contactos que no son los suyos o de amigos acuciosos que creen que reenviar no es hacerse responsable del contenido, póngalo inmediatamente en duda. Si es algo reñido con la lógica solo hay dos caminos: es ficción o es un milagro. Y tenga por seguro que nuestros políticos no son santos. (O)