En mi colegio se le atribuía al “Viejo Luchador”, a don Eloy Alfaro Delgado, la frase de que la hora más oscura es antes del amanecer, sin embargo, realmente fue Thomas Fuller quien exclamó a finales del siglo XVIII: “La hora más oscura del día es justo antes del amanecer”. En cualquier caso, lo importante, querido lector, es entender y sentir en este preciso momento una bocanada de esperanza.
Estamos sumidos totalmente en la oscuridad, la toma del canal TC Televisión marcó definitivamente un nuevo ritmo en nuestra rutina, percibimos el odio y la venganza con tal naturalidad que a este punto ya no se logra identificar al bueno del malo, ahora ya no es solo el sanguinario sicario disparando contra nosotros, ahora somos el pueblo brindando a gritos abiertos un salud por la muerte de un “Rulay” o del desollamiento de un menor de edad mientras a duras penas entiende que su mundo violento (el único que ha conocido) es invadido por otro tipo de violencia que criminaliza la pobreza, los tatuajes y hasta la forma de beber cerveza en la puerta de la casa.
Pero no frunza el ceño tan rápido, mi querido amigo, hoy no les he venido a hablar de la hipocresía social que actualmente encabeza nuestro diario vivir.
Hoy nos debemos levantar, limpiar las heridas de la guerra y volver a abrir nuestros locales con la fe intacta...
Hoy quiero decirle que no perdamos la fe en nuestro país. Somos una suerte de laboratorio político gigante donde entre caudillos de esquina y ministros siguen jugando a probar sus fórmulas mágicas para sobrevivir un día más en un país violentado, hechizado por vendedores de ilusiones, pero que todavía sigue de pie por usted que se levanta a trabajar e intentar generar honradamente un dinero al que el Estado le mete mano y se lo guarda el bolsillo porque alguien debe pagar la farra que se pegaron los mandantes anteriores.
Hoy nos debemos levantar, limpiar las heridas de la guerra y volver a abrir nuestros locales con la fe intacta de que será un gran día y nuestro cliente, atemorizado por la inseguridad, llegará para hacernos una compra que mejorará el día, en un país donde los impuestos y las contribuciones especiales nunca llegan a su destino, porque aunque el dinero que gentilmente, pero involuntariamente, dimos para la reconstrucción de los afectados por el terremoto en 2016 nunca llegó a su destino, hoy tenemos nuevamente que involuntariamente poner la esperanza de que esta vez sí llegará para fondear la guerra que una sociedad discriminatoria e indiferente ha causado, porque así como hoy festejamos que llega el “palo” a las pseudomansiones de los barrios marginales, así mismo hemos de aplaudir cuando llegue una escuela con biblioteca de libros nuevos (no aquellas donaciones que hacen de la tesis de grado no aprobada que es basura, pero para el donante es una obra científica que guarda polvo en casa), computadoras y robots a ese mismo lugar, y los niños que hoy han sido capturados por los grupos de delincuencia organizada sean los nuevos Steve Jobs.
De corazón, ojalá pronto, aparte de la venganza social también exijamos que ese mismo Estado les dé a muchos jóvenes las oportunidades que la pobreza les quitó. Ojalá ahí también seamos valientes. (O)