Sísifo es un ser condenado, por los dioses griegos, a empujar una roca hasta la cumbre de la montaña; pero, cada vez que está a punto de culminar la tarea, la roca se resbala y con eso todo vuelve a empezar. Así, durante siglos, diariamente Sísifo realiza acciones repetitivas, arduas y sin resultados.

Cada cambio de gobierno en el país y en las instituciones trae la esperanza de que las cosas serán mejores. Pero parece que, entre las ofertas de campaña, a nadie se le ocurre volver al Estado más eficiente, eficaz y ágil. Seguro ustedes recuerdan que durante décadas se pedían copias en color de las cédulas de identidad y, luego, se les ocurrió que además debían ser copias notarizadas.

El motor de la identidad

Y aunque hoy la información está a solo un clic de quien la demanda, parece que el espíritu procedimental no ha cambiado. Así, además de invertir tiempo y dinero en duplicar la información –que puede verificarse en fuentes oficiales– se añaden procesos innecesarios y se triplican los requisitos que solicitan.

Hace unos días, una exministra del Estado ecuatoriano demostró que ofició a la instancia pertinente para que se entreguen los recursos para mantenimiento a las centrales eléctricas. No obstante, el ministerio encargado no respondió inmediatamente, ¿por qué? Seguramente hay una explicación que está marcada por el exceso de procesos, subprocesos y microprocesos que hacen que, en nuestro amado país, todo sea demasiado engorroso.

El futuro llama a la cordura

Y dejemos claro que en este país trabajamos arduamente, pero la energía se desgasta en el cúmulo de pasos y evidencias de un acto administrativo que, a cuenta de tener certezas, duplica, triplica o cuadruplica los procesos.

Ojalá entre las promesas de los próximos candidatos se encuentre la reducción de pasos burocráticos. A esa idea alguna vez se la llamó “modernización del Estado”, sin embargo, aunque hoy los computadores y los sistemas de la información abundan, parece que de poco o nada nos sirven si no se reducen el número de trámites y verificadores.

Los detalles que importan

¿Por qué es urgente reducir procesos en la gestión pública? Hay varias razones, particularmente importante es el mejoramiento de la eficiencia; el aporte a la transparencia; la disminución de costos; y el incremento en la percepción de calidad del servicio. Con menos procesos se mejora la comisión de recursos, se ilumina la toma de decisiones y la colaboración interinstitucional y ciudadana.

Todos los avances tecnológicos liberaron a las personas de tareas repetitivas. Esperamos sinceramente que la automatización que caracteriza a la Revolución Industrial 4.0 toque a Estados como el ecuatoriano y agilice la gestión pública. Desde esta columna de opinión deseamos que los candidatos a la Presidencia del Ecuador se propongan convertir al Estado en un aparato eficiente.

Ahorro energético, los pequeños cambios

Pero, junto con un poder Ejecutivo dinámico, se requiere de una Asamblea dispuesta a aportar –no solo a sancionar y armar un show de disputas–, es hora de que trabajen en analizar cómo las leyes ordinarias y reglamentos sean más ágiles, cómo reducir los procesos, y hacer más transparente la gestión. (O)