Según datos del Ministerio del Interior, el año pasado, 94.767 ecuatorianos no volvieron al país, convirtiéndose en emigrantes. En el 2023 fueron 121.283. La mayoría va a El Salvador, para evitar el peligroso paso del Darién en Panamá, y de ahí ingresar a los Estados Unidos, ya que la ruta anterior, que era atravesando México, se ha vuelto más complicada desde que se exige visa a los ecuatorianos (2021).

Trump, instrumento de la historia

Es triste contemplar la peregrinación de miles de personas que desean alcanzar el sueño americano, empeñando hasta el alma para pagar a los coyotes. Cuando no perecen en el camino, son asaltados por las bandas del crimen organizado que los abordan, les roban las pertenencias y violan a mujeres y niños. En su afán de lograr pasar la frontera, caminan con hambre y sed, duermen en condiciones miserables, pero siempre con la esperanza de vivir mejor, encontrarse muchos de ellos con sus parientes, trabajar desempeñando cualquier oficio, para enviar el dinero que necesita la familia, que se queda aquí, y honrar las deudas con los coyotes.

Este es el móvil de tan alto precio que sufragan nuestros compatriotas. Debiera de caérsenos la cara de vergüenza al saber que nuestra economía se sustenta en gran parte en las remesas de los migrantes que, el año pasado, ascendieron a 6.000 millones de dólares. Según publicación del 26 de enero de este Diario, de estas remesas, el 72 % proviene de los Estados Unidos, el 16 % de España y el 3% de Italia. Nuestro déficit fiscal es de 3.000 millones de dólares.

El nuevo Destino Manifiesto de Trump

Ante lo que ya no es una amenaza, sino una realidad, sobre la política migratoria del nuevo presidente de los Estados Unidos, de expulsar a los inmigrantes que se encuentran de modo ilegal, y de desconocer la ciudadanía americana para los hijos de los indocumentados que han nacido allá, no solamente que esto significa un terrible trastorno para todos ellos, sino que una deportación masiva hacia el Ecuador provocaría un desequilibrio en la economía, se aumentaría el número de desempleados, que ya es demasiado alto; y, el Estado no tendría cómo responder ante las necesidades de los migrantes que retornan y las de sus parientes.

Difícil situación la que se nos presenta. La gente migra porque no tiene empleo, por la violencia, la inseguridad, los secuestros, el microtráfico, y porque las condiciones de vida aquí, en general, son demasiado precarias. Nadie que está feliz en su patria se ausenta de ella. Debemos reconocer que nuestros gobernantes nos han fallado y que con sus pésimas políticas han forzado a millones de ecuatorianos a huir de aquí, lo cual es totalmente reprochable e injusto.

¿Qué implica que Donald Trump invite a presidentes de la región (Javier Milei, Nayib Bukele y Daniel Noboa) a su investidura?

Tenemos los recursos naturales suficientes para que, bien administrados, podamos procurarnos una situación próspera. Sin embargo, unos pocos la disfrutan, aquellos delincuentes de cuello y corbata que se hacen con el poder y de nuestras riquezas, arrebatando así la vida del gran conglomerado social, que carece de lo indispensable para vivir, lo que los impulsa a buscar el sueño americano, que se vuelve pesadilla. Esos delincuentes merecen cadena perpetua y que se pudran en las mazmorras que ellos han creado para los de poncho. No es culpa de los migrantes. (O)