En su libro Hábitos atómicos James Clear coloca varios ejemplos para ilustrar la importancia de analizar los detalles. En uno de ellos, destaca ¿cómo un equipo de ciclismo se volvió campeón? Según Clear, al llegar el nuevo entrenador decidió analizar “todo” y reflexionar sobre cada pormenor. Por ejemplo, se dio cuenta de que la mala limpieza de las bicicletas incidía en la velocidad; pues las diminutas partículas de polvo ralentizaban el movimiento.
De James Clear podemos aprender a analizar los datos; también a tomar acciones inteligentes. Obviamente, aquello implica estudiar a profundidad un aspecto y ser capaz de escuchar a quienes tienen conocimiento en un tema.
Siguiendo con el ejemplo, una vez que identificaron a la suciedad como culpable de la lentitud de las bicicletas organizó una limpieza exhaustiva, a tal punto que las bicicletas llegaron a ser trasladadas, en un camión pintado por dentro de blanco, lo que garantizaría cuidar cada detalle. Obviamente, cubrir cada detalle requiere tiempo o más personas y la tranquilidad suficiente para que los ojos expertos señalen sin temor ¡dónde hay que mejorar! Quizá el problema es visible para unos, pero a veces los conocedores no quieren opinar por miedo al conflicto o al rechazo de sus jefes.
De ahí que las direcciones autocráticas y liderazgos ciegos a la crítica sean peligrosos. En lugar de desgastarse, los expertos prefieren callar. Pero, los detalles importan y deben decirse. Obviamente, en contextos opresores se requiere valentía para señalar las cosas a mejorar en búsqueda del bien común.
Los detalles enriquecen el panorama, dan precisión a las acciones, iluminan la toma de decisiones y son un ingrediente necesario en las entidades que quieren progresar. No obstante, el trabajar en detalles puede ser una fuente de estrés y preocupación en dos sentidos. Primero, por exceso de detalles y carga de información innecesaria, lo que satura a quienes reciben la descripción de la tarea. Segundo, por falta de detalles, lo que es un peligro, pues al tener la información incompleta, cada uno puede interpretar la actividad encomendada a su manera y alejarse del propósito encomendado.
De ahí que el mundo de los detalles sea apasionante. Y se requiere de gente entusiasta para ir tras la mejora continua de todo; y en esta época es buena idea enseñar a nuestros hijos a cuidar los detalles. Así, tras desarrollar una mirada meticulosa se preguntarán ¿qué pretende ese correo que pide datos personales?, ¿qué rutas son las más seguras?, ¿cómo puedo mejorar en tal o cual aspecto?
Fijarse en los detalles e ir tras procesos de mejora continua parece ser algo obvio; pero, no lo es, caso contrario tendríamos administraciones públicas y privadas más eficientes, eficaces y humanas. Aprenderíamos del pasado reciente y reflexionaríamos más antes de tomar decisiones.
Trabajar en los detalles e invertir energía en ello requiere motivación. De ahí que diagnosticar y crear un plan de acción para administrar los detalles sean dos elementos que pueden darnos resultados; pero, mientras los resultados se alcanzan debemos disfrutar del proceso. (O)