La transición presidencial en EE. UU. ha sido históricamente un ejemplo de civilidad política y respeto institucional. El ritual que incluye la recepción del presidente electo en la Casa Blanca por parte del mandatario saliente y luego el acompañamiento en la posesión representa más que un acto protocolario. Es un símbolo vivo de la continuidad democrática.
Dicha tradición ha tenido interrupciones. En 1801, John Adams se negó a asistir a la posesión de Thomas Jefferson. Posteriormente, en 1829, John Quincy Adams no asistió a la del presidente Andrew Jackson. Y Andrew Johnson en 1869 tampoco asistió a la ceremonia de Ulysses S. Grant, quedándose en la Casa Blanca firmando documentos. El 20 de enero de 2021, Donald Trump no recibió en la Casa Blanca al elegido Joe Biden, ni estuvo en su posesión. Salió de Washington en esa mañana hacia Florida, dejando una carta para Biden en el despacho oval cuyo contenido sigue siendo confidencial. Entonces ciertos medios especularon sobre su contenido: desde congratulaciones y bienvenidas hasta críticas o advertencias sobre políticas específicas.
En todo caso, el retorno a esta tradición, con el presidente Biden recibiendo a Trump en la Casa Blanca y acompañándolo (junto con Kamala Harris) en su segunda posesión, marca un momento significativo en lo institucional. El gesto demuestra que las democracias maduras pueden autocorregirse y superar periodos de tensión política. Ello sin desconocer el incómodo momento que experimentaron los salientes presidente y vicepresidenta, quienes fueron vistos sin aplaudir el discurso de Trump.
Para Ecuador, estas lecciones son particularmente relevantes en su proceso de consolidación democrática. La experiencia estadounidense ofrece valiosas enseñanzas:
- Primero, la importancia de establecer y respetar rituales democráticos que trasciendan diferencias partidistas. Estos actos simbólicos contribuyen a la legitimidad del sistema político y refuerzan la confianza ciudadana en las instituciones.
- Segundo, la necesidad de erigir una cultura política donde la alternancia en el poder sea vista como un proceso natural y no crisis institucional.
- Tercero, la relevancia de educar a las nuevas generaciones en valores democráticos, utilizando estos ejemplos históricos como referentes de civilidad política y respeto institucional.
Sin duda, la democracia se fortalece no solo con leyes y estructuras formales, también con tradiciones y prácticas que demuestren madurez política. Ecuador, al igual que otras democracias en desarrollo, tiene la oportunidad de aprender de estos ejemplos y adaptarlos a su realidad, apoyando así a la construcción de una cultura política más sólida, tolerante y responsable.
Las imágenes de los rivales políticos –Biden y Trump– compartiendo momentos de transición con dignidad y respeto no son meras formalidades: son pilares fundamentales para la construcción de una democracia duradera. Sirven de anclas de estabilidad para momentos de cambio político y del recordatorio de que un sistema democrático fuerte permite manejar las diferencias políticas dentro de un marco de respeto institucional. (O)