Hace un año escribí los artículos ‘Asamblea Nacional al rescate’ y ‘Asamblea bajo la lupa’, cuando nuestra confianza en el Poder Legislativo había decrecido. En 2023 su gestión fue calificada como mala/muy mala por el 92,32 % de los habitantes (Perfiles de Opinión, 04/23) y negativamente por el 95,37 % (Click Report, 05/23). Encuestas recientes le dan el 5,58 % de credibilidad (Perfiles de Opinión, 07/24), ocupando el puesto 20 de 21 instituciones.

Mencionaba también que la nueva Asamblea tendría varios desafíos: 1) Administrativo: eficiencia en su gestión; 2) Técnico: calidad ante escenarios y tecnologías del s. XXI; 3) Político: consensos en temas urgentes; 4) Ético: ejemplaridad pública (J. Gomá); 5) Cultural: participación ciudadana. ¿Qué cambió?

Y es que para escuchar a los asambleístas hay que hacer yoga previamente: mucho insulto y poca argumentación. Si presentan una ley, reforma, o el día del pito, la palabrería es intensa, pero cuando de fiscalizar se trata, ¡caray, caray! Uno pensaría que en las comisiones especializadas habría mayor respeto, ¡qué va!; son públicas las “sacadas de madre”.

Como van las cosas, nivel 4 en la escala histriónica de asambleísmo, un día se dará un ‘pasaje al acto’, como dicen los psicoanalistas, y las afrentas subirán las apuestas: jalada de pelos, lucha libre, celularazos y más. Se llamará a la escolta legislativa y aquí no ha pasado nada. Pero la chabacanería quedará registrada; la falta de contención, también. ¡Hasta cuándo!, diría “fuerte y claro” el ministro A. F. Wong, en modo cabrini.

Son pocos los parlamentarios que podrían jactarse de serlo. Mostrando una conducta burlesca para quien expone, la mayoría mira o habla por celular; conversa con otros; da la espalda a la mesa directiva; se reúne en bancada para saber la consigna en la votación o el resultado del fútbol, que es casi lo mismo. Mientras tanto, el presidente Henry Kronfle, cuando asiste, pone algo de orden y un poco de humor, no siempre oportuno.

Es común la ausencia de los asambleístas en el pleno; se retiran parcialmente de la sesión o no acuden; rara vez están los 137 de la lista. Tomo al azar datos del Observatorio Legislativo y hallo que en la sesión 949 del pleno (01/08/2024) hubo 18 ausentes. A la continuación de la sesión 943 (14/08/2024) faltaron 21; y a la sesión 946 (01/08/2024), 27. Ni a los entierros falta tanta gente.

¿Es contagiosa la vagancia? ¿Lo es la sapada? Si los asambleístas están en territorio o si andan de viaje, ¿a dónde fueron?, ¿quién los financió?, ¿hay informes?, ¿cuál fue el logro para el país? No basta con que el secretario anuncie cuántos están presentes; debería informar sobre las excusas de quienes se “hacen la pava”, como decíamos de pelados.

Leo en EL UNIVERSO que 100 de 137 asambleístas actuales se postularán para 2025; algunos por su misma bancada y otros por una nueva. ¡Loor al camisetazo! Espero que los nuevos rostros que se integren al osezno filantrópico, totalizando la obscena cifra de 151, sientan algo de vergüenza y contribuyan a darle un vuelco a la Asamblea, por respeto a sí mismos y, especialmente, a nosotros. (O)