Los ‘tres palos’ tomaron protagonismo por una expresión del folklore político; pero vale la pena reivindicar la importancia metafórica deportiva de esa frase en el desarrollo de muchos adolescentes, induciendo el valor de la disciplina, el esfuerzo, la constancia. Varios técnicos nos transmitieron los secretos bajo dos verticales y el travesaño; volar de un lado a otro; llegar abajo, al ángulo; mandar al córner; atajar, manotear, cortar centros, etcétera. Recuerdo a Gómez, Garcés, Cuenca, Cabezas, Moacyr Pinto. El profe Moacyr nos formaba en círculo y se colocaba al centro con un balón; lo tiraba contra nosotros para provocar reacciones inmediatas. El portero requiere ubicación, anticipación, confianza, carácter, comunicación, pero, sobre todo, reflejos y audacia, decía. Imitar las voladas de los ídolos a veces provocaba luxaciones, atendidas por las mágicas manos de nuestro masajista Raúl Valverde (Tarzán) o del sobador, don Guevara.
Hernán Galíndez figura entre las mejores atajadas de la doble fecha de eliminatorias al Mundial 2026
Los ‘tres palos’ son santuario e infierno del guardameta, cómplices del premio o castigo, justo o injusto, como la vida y la política misma. Hay balones que chocan los palos antes de atorar o desatar el éxtasis de gol. Existen jugadas, bajo ellos, escapadas de los caóticos pinceles de Joan Miró, donde villanos se convierten en héroes o viceversa, cuando el ‘John Q’ de Denzel Washington decidido a todo o el Oliver Kahn pesaroso, apoyado al vertical, mordiendo su rabia en Corea-Japón 2002; el aflojar el remate de Rivaldo, facturado por Ronaldo, abrió la ruta para perder el campeonato.
De palos insólitos tenemos esos tres de Sebastián Penco del Deportivo Aldosivi frente al San Martín, el 2016 en Argentina, cuando la pelota rematada coqueteó con cada madero antes de hacerse gol. Messi estrelló tres veces la esférica en el partido Barcelona–Deportivo La Coruña, el 2017. El 2023 Estudiantes impactó seis veces la redonda en los palos y perdió con Corinthians por la Copa Sudamericana, y hace poco versus Talleres de Córdoba al golpear tres palos en 15 segundos. Algunos torcieron la historia de los mundiales, como el de Resenbrink en la final Holanda–Argentina en 1978. El del chileno Mauricio Pinilla contra Brasil el 2014, a segundos del desenlace. El del ecuatoriano Carlos Tenorio frente a una Inglaterra temerosa, en Alemania 2006.
El deporte nos volvió a dar una inmensa alegría
El hombre de los ‘tres palos’ representa las manos del equipo; también la mente, el alma, la esperanza de todo un país afligido. Debe dominar el campo con sabiduría, resolver con agilidad, corregir con precisión, ser el “arcángel” del pueblo en el terreno de juego. Tiene la misión más compleja, su falla lo expone a severa condena. Sin embargo, está obligado a asimilarla, reponerse a despiadados insultos, rectificar con diligencia y mudar su coraza de villano a héroe. Hernán Galíndez salió mal ante el equipo colombiano y condicionó la expulsión de Piero Hincapié. Digirió su error y lo remedió con siete redentoras atajadas. Su accionar, el gol de Enner y la entrega del equipo mitigaron tanta angustia nacional. Nadie puede negar en Ecuador que, hoy por hoy, Galíndez es el único soberano de los ‘tres palos’. (O)