Los tiempos pasados no siempre fueron mejores; al menos así lo recuerdan las historias de invasión y muerte de cuando unos reinos, países y gobiernos decidieron que tenían legítimo derecho a apropiarse de los bienes de otros. De ahí que, si bien hay desacuerdos respecto al pasado, también hay un futuro que puede ser construido por todos.
Hace unas semanas México se negó a invitar al rey de España a la posesión de su presidenta. Aquel hecho diplomático incomodó a las partes. Del lado mexicano se recordó el pasado colonial abusivo y sangriento; del lado español no lo tomaron muy bien. Incluso hubo algún escritor que aprovechó la coyuntura para fortalecer el discurso de que casi deberíamos estar agradecidos por la violencia sufrida en épocas pasadas.
AMLO afirma que no invitar al rey de España es por “respeto a México”
Tensa relación entre México y España
En todo caso, a 2024, el mundo es un conglomerado de personas que tenemos por característica común ser todos mestizos; así lo demuestran los estudios del genoma humano, cuyos datos duros evidencian que las migraciones –acaecidas desde la prehistoria– nos hacen una mezcla genética preciosa, que al mismo tiempo nos hermana a todos.
Sin embargo, la obviedad del mestizaje y la dignidad humana parece no ser tan obvia para quienes usan las diferencias para generar odio. Las diferencias son como un cuchillo de doble filo: pueden fortalecer identidades, pero también ser fuente de divisiones y movimientos de rencor, que empiezan por tachar de inferior a otros y terminan con la justificación de la muerte o la guerra.
De ahí que resulta desconcertante que se resalte “no tener vergüenza” de ser protagonistas de hechos sangrientos. Aquello solo contribuye a desencuentros y fortalece las historias de racismo, clasismo, misoginia y otros males que traen sufrimiento colectivo.
No obstante, está claro que el mundo requiere acuerdos, sumas de voluntades y menos discursos que humillen y menosprecien a otros grupos humanos. Por ejemplo, cuando un hombre mira como inferior a una mujer es machismo; cuando un grupo étnico tacha a otro de ignorante es racismo; cuando un adulto humilla a una niña es adulto-centrismo.
Pero los discursos de odio no son gratuitos, tienen intereses particulares –muchas veces económicos y políticos– de mantener el dominio y buscar ser la autoridad para decidir sobre la vida de los otros. De ahí, “virar la página” y olvidar es algo difícil; pero al menos es posible enfatizar en lo que nos une más que en la división.
Hay un futuro que llama a la puerta y demasiados problemas que invaden al mundo. Así, los fenómenos climáticos exponen a los territorios a extremos fríos, calores, sequías e inundaciones. Y cualquier descuido puede detonar una nueva pandemia. Por eso, los países y las esferas políticas necesitan más coordinación, generosidad y voluntades para sumar esfuerzos en pro de un mundo amigable.
No debemos darles más razones a las nuevas generaciones para no querer formar familias, tener hijos o seguir viviendo. El futuro está a la puerta y depende de lo que hagamos hoy para que los días venideros sean mejores. (O)