La idea no es nueva. Que el Ecuador debe abandonar al dólar como la única moneda de curso legal es algo que lo vienen diciendo los líderes correístas desde hace tiempo. Han escrito sendos artículos de como deberíamos salirnos de la dolarización, lo han sustentado en conferencias y lo han pregonado en foros internacionales. Es más, en un cónclave regional recomendaron con entusiasmo que Latinoamérica debería abandonar al dólar para su comercio exterior.

Dos frases célebres

¿Los correístas quieren desdolarizar al Ecuador?

Ahora lo que están proponiendo es simplemente la forma cómo obligarían a dejar al dólar. Como saben que no es posible hacerlo de un solo golpe, lo que anuncian es matarlo lentamente, esto es, introduciendo un “dólar ecuatoriano” y obligando que sea usado como moneda de curso legal; que tenga igual fuerza liberatoria que la que tiene el dólar de los Estados Unidos. Los primeros a ser obligados a recibirlo serán probablemente los empleados públicos y los contratistas del Estado. Y como es más fácil crear el “dólar ecuatoriano” –el otro solo lo imprime la Reserva Federal de los EE. UU.–, pronto aquella moneda terminará desplazando al dólar. Llegará el momento que este último comenzará a escasear y habrá que salir a comprarlo con dólares ecuatorianos. ¿A cuánto está el dólar hoy? ¿A cuánto estará mañana? Y comenzará la inflación. Como en el pasado, una élite tendrá ingresos en dólares de verdad, mientras la gran masa se quedará con los dólares criollos. En economía los procesos de como monedas de menor valor terminan sustituyendo las de mayor valor cuando las primeras gozan del mismo rango legal (“legal tender”) que las segunda son procesos conocidos. Claro que países que lo han intentado han sufrido graves catástrofes sociales. Zimbawe, por ejemplo.

La cuestión, sin embargo, es si la Sra. González, en caso de ganar las elecciones, va a cometer semejante torpeza, solo para satisfacerles el capricho de unos cuantos ideólogos retrasados. El mero anuncio de dólares ecuatorianos ya afectó su campaña. Pero otra cosa es gobernar y poner en riesgo la estabilidad de su mandato, y con ello el caos. Y es que la emisión de dólares ecuatorianos y la obligación a aceptarlos con iguales efectos que el dólar de EE. UU. no solo que sería una burda violación del derecho de propiedad, sino que sería un suicidio político. Se engañan los ideólogos correístas si creen que la ciudadanía va a permitirles dócilmente su necedad.

¿Por qué en vez de ponerse a hablar de cómo abandonar la dolarización, no hablan de cómo pueden venir más dólares al Ecuador? ¿No les parece que eso es más sensato? Claro que para ello es necesario alentar las exportaciones y fomentar la inversión extranjera, y como semejantes cosas dependen básicamente del emprendimiento privado, entonces ambas fuentes son rechazadas por no ser ideológicamente correcta. Prefieren la máquina de imprimir “dólares ecuatorianos”, puesto que esa máquina sería monopolio estatal. Incentivar la minería legal, por ejemplo, no está en la agenda correísta. Es más, uno de sus principales aliados –el que admitió como si nada haber gastado 200 millones de dólares para incendiar el país– plantea más bien bloquear el desarrollo de la minería formal para dar paso a la minería ilegal, esa que devasta el medioambiente, no paga impuestos y gusta tanto al narcotráfico. (O)