Desnudos fueron abandonados, lejos de su casa en Guayaquil, los hermanos Josué, de 14 años, e Ismael, de 15, y sus amigos Saúl y Steven, de 15 y 11 años, tras haber sido detenidos por elementos de la Fuerza Aérea.
Además de desnudos, los niños estaban golpeados. El mayor de ellos roto la cabeza. Así lo ha testificado en la Fiscalía un vecino que les dio agua, pan, algo de ropa y les ayudó a contactarse con uno de los padres.
Hay muchas interrogantes alrededor del caso. Una de ellas es: ¿por qué los militares los desnudaron?
Este tema podría pasar desapercibido frente a la gravedad de los hechos si no fuera porque la desnudez forzada ha sido utilizada por algunos ejércitos en el mundo para provocar humillación, inseguridad, desorientación, agotamiento, ansiedad y miedo, en los detenidos.
Son técnicas de guerra que aprenden los aspirantes a interrogadores militares en sus entrenamientos para obtener información de los prisioneros de guerra.
Quizás aquí esta la explicación para haber desnudado a los cuatro niños. Los desnudaron para golpearlos, humillarlos, interrogarlos y conseguir información. No lo lograron y por ello los soltaron.
Desnudarlos no solo es inhumano, es ilegal, es tortura, es un delito sancionado por la justicia a nivel internacional.
Pasaron muchos días sin que el caso se haga público.
La filtración de un video en el que se ve claramente como los niños son detenidos por los militares cambia el desarrollo de las investigaciones, activa las redes, eleva voces de protesta y obliga a los actores y responsables de esta película de terror a salir a responder.
Y a cada uno en su rol lo vemos actuando al desnudo, sin tapujos, sin vergüenza. Acusan a los niños de delincuentes y descalifican a los padres. No hay transparencia, ni honestidad. El discurso cambia cada día, dependiendo del avance de las investigaciones.
Vivimos un “estado de guerra interna” como lo declaró el presidente de la República. Desde hace meses estamos bajo un régimen de emergencia, que restringe derechos, pero no ampara crímenes, ni prácticas ilegales.
Detuvieron y torturaron a esos niños. ¿Al verse descubiertos, por la llamada de uno de los niños a su padre y la intervención de la policía, los desaparecieron?
Su inocente desnudez nos duele, conmueve y obliga a exigir a las autoridades investigaciones transparentes, desde el principio hasta el final.
Queremos a todos los responsables, por acción u omisión, para mirarlos de frente, de cuerpo entero y decirles que no nos representan.
El Gobierno y las Fuerzas Armadas tienen la obligación de separar de la institución a todos aquellos que actuaron y actúan alejados de la ley.
Las Fuerzas Armadas deben revisar, además, sus manuales de entrenamiento para ver si en ellos se siguen enseñando técnicas de guerra atentatorias contra la vida y dignidad humana. (O)