En 2023 escribí La generación de Noboa, texto sobre quienes nacieron entre 1980-1996, y que hoy amplío. En este grupo hay figuras como N. Bukele, F. Bolsonaro, P. Hegseth, J. D. Vance, Kim Jong-un, Mohammed bin Salmán y el príncipe Guillermo. Conocidos como generación Y, nativos digitales o millennials, emergen después de la generación silenciosa (marcada por la Segunda Guerra Mundial), los baby boomers (cambios sociales y culturales) y la generación X (transición analógica-digital). Se caracterizan por su creatividad, innovación, dominio de la tecnología, conciencia ambiental y de su imagen. Valoran la diversidad, no guardan prisa por casarse o tener hijos, y prefieren mascotas y tatuajes. Son más individualistas, menos comprometidos políticamente y con gran presencia en internet.

Ajenos a su creación heredaron una sociedad caótica y compleja, un interregno donde un orden se desvanece y otro no termina de nacer, por lo que establecen alianzas geopolíticas y gestionan riesgos diariamente. Enfrentan desastres naturales, conflictos internacionales, crimen organizado y cambios tecnológicos que desafían las estructuras convencionales. En Ecuador, el Gobierno camina entre campos minados, el narcotráfico y la inseguridad.

El mundo líquido de la Gen. Y no es el lugar de certezas y referentes; de compromiso y ética de los baby boomers; una época tan añorada que, según The Economist, hemos vuelto a las andadas, a una segunda juventud sin mantitas o mecedoras, armando fiestas rocanroleras y provocando algún escandalillo. Bryce Echanique diría con humor que nos ha dado la “volvedera”.

De otro lado, aparece la generación Z o centennials (1997-2012) con los therians (ya presentes en rituales, sectas, disfraces), matrimonios con avatares, y grupos anti o pro cualquier tema; reflejo de la búsqueda de pertenencia y, en ocasiones, problemas de salud mental en una soledad masificada.

Sobreestimulados por el entorno audiovisual, andantes entre realidad y ficción, los hijos de la Gen, Z suelen estar desmotivados y aislados, desarraigados y con angustia extrema. Faltos de deseo, se sienten losers frente a un mañana que no pinta de futuro. Muchos viven con familiares, son ninis, ni estudian ni trabajan (20,4 %, OIT); o lo hacen en condiciones precarias, intimidados por la IA y su capacidad de engullirlos enteros.

¿Qué desafío enfrentarán las generaciones alfa (2013-2020) y beta (2025-2039)? Según estudios de J. Haidt, implicará la corrosión lenta e invivible del espíritu, la distracción, desconexión y pérdida gradual de significado, asumidos como libertad y entretenimiento. Él sugiere prohibir smartphones antes de secundaria, redes sociales solo a partir de 16 años, escuelas sin teléfonos, y más independencia, juego libre y responsabilidad en el mundo real.

Si bien resulta inviable excluir a niños y adolescentes del uso de la tecnología, es esencial concebirla como un recurso educativo complementario a los métodos tradicionales; no como sustituto. De lo contrario se verán afectadas sus capacidades cognitivas, sociales y psicológicas. En este cometido todos somos responsables. (O)