Muchos temas de la economía mundial afectan a nuestro querido país. Uno clave es sin duda las tasas de interés. Por un lado, porque el financiamiento externo para empresas o gobierno se torna más o menos caro. Por otro, porque los inversionistas se preguntan “¿dónde me conviene poner mis fondos en función de lo que me pagan aquí y allá?” y así nuestros intereses se mueven (al menos en parte) al son de los externos. Finalmente, porque tasas demasiado altas señalan una economía de mayores riesgos e incertidumbre, pero también demasiado bajas nos llevan a burbujas especulativas que estallan creando graves sacudones, o a épocas inflacionarias... esto último, tasas muy bajas (excesiva creación monetaria de los bancos centrales) lo vivimos desde los 90 y de ahí las burbujas que estallaron en 2000 y 2008 y la fuerte inflación a la salida de la pandemia (2021/2022), aunque también causada por otros factores.
Tomemos el caso de EE. UU. La inflación al terminar la pandemia se disparó a más del 9 %, algo no visto desde hace 40 años. Y la Reserva Federal (FED) aplicó los manuales: subir las tasas de interés de 0,25 % a más del 5 % bruscamente, para que haya menos liquidez, la gente decida endeudarse menos y comprar menos, con lo cual la economía se “enfría” y la inflación también encaminándose hacia el objetivo del 2 %. Los manuales también señalan: estas medidas tienen efectos más o menos rápidos, dependiendo de si hay otros factores en juego alrededor de la inflación, y además (muy importante) de cómo reacciona la gente (sus expectativas), si confía en el proceso la inflación baja rápido (diríamos que estamos en un entorno de expectativas racionales o adaptativas rápidas), caso contrario lo hace lentamente y además con un fuerte precio recesivo, se necesita un “frenazo” de la actividad para “forzar” la baja de la inflación (entorno de expectativas constantes o adaptativas lentas).
La inflación bajó muy rápidamente, para julio del 2023 ya estaba alrededor del 3 %, a lo cual ayudó que la oferta de productos se fue destrabando al mejorar transporte y logística, y que la gente aparentemente confió en el proceso. Y ahí vino un año de vacilación de la FED alrededor de la duda: si la inflación ha bajado al 3 % pero aún no al objetivo del 2 %, hay varias opciones: a) que la batalla está ganada y ya empezar a bajar los intereses digamos a inicios del 2024; b) que aún no se gana la pelea y en consecuencia subir un poco más los intereses y luego ver qué pasa ya avanzado 2024; c) que la inflación se va a ir desacelerando lentamente y solo cuando impacte realmente al empleo se disminuirán los intereses. Muchos en el mercado apostaban a lo primero y creían que las tasas hubieran bajado ya hace unos seis meses. Personalmente me hubiera parecido mejor el punto b), creo que la inflación ya hubiera bajado al 2 % y ahora podríamos disminuir los intereses con más confianza y solidez. Pero la FED apostó a lo tercero, y por eso bajó los intereses recién este miércoles en un 0,50 %, de más de 5 % a menos de 5 %. Rebaja bastante fuerte y por eso queda una duda: ¿los mercados tomarán esto como una señal positiva de tener intereses más razonables o como una señal de pánico de la FED de que la economía está en camino recesivo? (O)