En la portada de la revista aparece una familia de ojos tristes: los rostros del padre y la madre me resultan familiares y me basta leer unas líneas para reconocer esa conmovedora historia de amor sucedida en Afganistán en 2011. Fue el reportero Wolfgang Bauer quien dio a conocer en Alemania a Halima y Rafi, un sunita y una chiita que se enamoraron y decidieron casarse. El padre de Halima los amenazó de muerte. Se involucraron los vecinos y estallaron enfrentamientos callejeros sangrientos. Los enamorados terminaron en prisión y en primera plana. Pero el amor prohibido es obstinado y el día de su libertad se desposaron. Solo asistieron a sus nupcias el periodista alemán que los entrevistó en la cárcel, el traductor y el fotógrafo.
¿Qué ha sido desde entonces de la vida del Romeo y la Julieta del fanatismo religioso del siglo XXI? Siguen en Herat, donde nacieron sus hijos: Sana en 2014, Yasna en 2018 y Mohammed en 2022 durante la retirada de los EE. UU., que abandonaron el país a merced de los talibanes. Bauer, en cambio, sí ha mantenido los lazos con esta familia afgana y su destino, y catorce años más tarde vuelve a publicar un reportaje, esta vez ya no sobre unos enamorados ilusionados sino sobre una familia sobreviviendo a la desesperanza.
“Éramos jóvenes y tontos”, dictamina Halima, en cuyo rostro aún se lee la enfermedad que casi la mata hace unos meses. El periodista ya no se halla ante la joven tímida y soñadora que conoció en 2011, sino ante una madre que mira de frente a los ojos y a la realidad, atrapada en la monotonía de una vida limitada por las cuatro paredes que comparte con su suegra y sus cuñados. “No he dormido en tres días”, agrega Rafi, el único proveedor de la familia. Por un salario de miseria labora en una fábrica cuyo jefe no cesa de llamarlo durante la entrevista para exigirle volver a su puesto de trabajo (el otro operario de la máquina de botellas perdió los dedos, así que no hay reemplazo).
La hermana de Rafi estuvo a punto de terminar sus estudios y soñaba con estudiar Medicina, pero llegaron los talibanes y ahora vive sin futuro. No quiere casarse con un hombre que se convertirá en su amo y su formación como cosmetóloga (uno de los pocos oficios que se permitieron inicialmente a las mujeres) resultó inútil cuando en 2023 la policía de la moral ordenó cerrar todos los salones de belleza y sesenta mil mujeres perdieron su única fuente de ingresos. Hoy en Afganistán las mujeres no pueden estudiar la secundaria ni salir de casa sin compañía masculina, no pueden ir al parque ni al gimnasio, no tienen voz. Los libros de autoras fueron retirados de las bibliotecas. Halima mira en internet videos de mujeres del mundo gozando de su libertad y su propia cárcel se le vuelve insoportable, cárcel donde pronto ingresará su hija mayor a quien de nada servirá ser la mejor alumna de su escuela primaria.
Cocinar y criar encerrada en casa es todo lo que puede hacer Halima mientras Rafi se consume en otra soledad. No hay caminos para andar con los dedos entretejiendo la intimidad y los sueños, no hay senderos para construir un futuro entre iguales ni espacios para amarse con la alegría que da la esperanza. (O)













