En estos días el sol abraza Latinoamérica y nos encuentra menos preparados que nunca. Aunque tenemos más tecnología, alfabetización y sendas declaraciones de derechos humanos, no existen planes estratégicos familiares, institucionales, locales, provinciales, nacionales y regionales para situaciones como la crisis energética.

De ahí que resulta útil leer el libro Hábitos atómicos, de James Clear, es un texto lleno de ideas. Veamos, ¿qué es un hábito? Un hábito es un comportamiento que echó raíces tras meses de cotidiana repetición; y podemos decir que algo ya es un hábito cuando se ejecuta de manera casi automática.

Un comportamiento necesario, en época de crisis, es el ahorro de recursos, en este caso el ahorro energético. Pero introducir una nueva conducta solo es posible si de manera disciplinada decidimos ejecutarla en las mismas condiciones, es decir, en iguales horarios, manera y contexto.

Subirán las tarifas eléctricas

En momentos de crisis es más urgente generar nuevos hábitos; resulta adecuado el anuncio establecido por el Gobierno ecuatoriano de motivar a las familias –que consuman solo hasta 180 kWh, de diciembre 2024 a febrero 2025– con la exoneración de pago de las planillas de luz.

Pero volvamos al libro, según Clear, los hábitos son poderosos y al igual que la energía atómica están en capacidad de cambiar los contextos. Estos en algún momento generan resultados. Mientras esperamos Clear recomienda disfrutar del proceso, de los días de ensayo, de los esfuerzos puestos en cada pequeña acción.

De ahí que acciones como apagar un foco, reducir el tiempo de exposición a televisores, optimizar el uso de electrodomésticos como lavadoras, calefacción y aire acondicionado tiene el poder de contribuir a mitigar la demanda de energía.

También sería bueno bajar el volumen de la crítica a quienes gobiernan en época de crisis. A diferencia de los tiempos de bonanza petrolera y estabilidad política, en periodos de vacas flacas y ánimos exaltados resulta más adecuado contribuir con ideas y pequeñas acciones.

Pero cuando el Gobierno ecuatoriano anunció el estímulo sobre el gasto de energía eléctrica, llovieron las sospechas. Sin embargo, dicha medida analizada desde las aristas de la sociología y el comportamiento humano es una decisión acertada, pues tiende a incidir en la generación de hábitos de ahorro.

Pero ojalá todos nos sumemos y esta vez las luces del árbol de Navidad no se enciendan sobre el árbol, sino dentro del corazón de cada familia. A largo plazo, pequeños cambios hacen la diferencia. Imaginémonos que todas las familias, organizaciones, instituciones y empresas se suman en la meta de ahorrar energía; sin duda el cúmulo de voluntades tendrá ese poder sinérgico de mejorar la vida de todos.

Desde esta columna de opinión animamos a que la ciudadanía, los barrios, los gobiernos locales contribuyan entre sí y con el Estado central, para sostener las acciones en pro del país y poco a poco incorporar opciones energéticas sustentables, al igual que comportamientos sociales y políticamente responsables. Reemplacemos la crítica por el deseo de mejores días. (O)