En el transcurso de mi vida he oído muchos “dichos”, hoy por las circunstancias en las que vivimos recuerdo uno. Hay personas que cuando recurren a las tertulias, que constituyen terapias muy importantes, aprovechan para contar acciones negativas que terceros han ejecutado; también cuentan esas acciones que han sufrido ellos en carne propia y terminan calificando a las personas de las que han recibido esas molestias con el siguiente calificativo “ese fulano es de matarlo”, es muy conocida esta expresión.
Lo que sí podemos observar en el ambiente nacional es que con mucha confianza y seguridad permanentemente la gente engaña, no respeta los derechos de los demás, inclusive de niñas y niños, se despoja de sus bienes a cualquier persona, no se pagan las deudas, etc. Y en fin, nos encontramos permanentemente defendiéndonos de las agresiones. Estos comportamientos se realizan en el Ecuador con mucha facilidad. Debería haber un organismo que estudie el comportamiento del ciudadano ecuatoriano, no es igual al comportamiento de los ciudadanos de otros países, que planifique correctivos y críticas y que proponga los correctivos de las acciones negativas que ejecutamos. En los despachos judiciales y en la Defensoría del Pueblo hay información valiosa para conformar ese organismo. La pregunta que nos formulamos y queremos conocer es: ¿en cuánto estos comportamientos afectan a la creación de la figura delictiva del sicariato? Condenamos la figura mencionada, pero poco y nada, o casi nunca, nos enteramos del comportamiento negativo o inocente de la persona que muere en mano de los sicarios. Creemos firmemente en la necesidad de que se reponga la cátedra de educación social y cívica impartida desde el hogar. Creemos en la difusión de los principios cristianos sobre convivencia humana y no en fanatismos religiosos; creemos en la creación de empleo, en la planificación familiar y ni un día más en tolerar la corrupción judicial, la que, si no se la combate desde los centros competentes, hay un jefe de Estado que tiene que tomar cartas en el asunto.
Estas ausencias son las causantes de la violencia en que vivimos. (O)
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Rafael Mendoza Avilés, abogado, Guayaquil