La humanidad tiene tres grandes flagelos: las epidemias, la hambruna y las guerras, Sir Williams Osler, el gran médico y humanista 1896, escribió estas palabras cuando la tuberculosis, infección pulmonar, era la principal causa de muerte prematura.

La tuberculosis es una enfermedad reconocida desde tiempos antiguos, produjo epidemias en occidente durante la Revolución Industrial en los siglos XVIII y XIX. Esta enfermedad tiene componentes sociológicos y floreció a causa de la ignorancia, pobreza y falta de higiene, en particular durante periodos de gran alteración social como guerras y depresión económica. Robert Koch, en 1882, descubrió el bacilo de esta enfermedad.

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Con el descubrimiento de la causa y transmisión de la enfermedad y el desarrollo de medicamentos antituberculosos eficaces, la tuberculosis fue controlada en los países desarrollados. Por desgracia, la mortalidad y morbilidad continúan teniendo el mismo nivel que en el siglo XIX en muchos países en vías de desarrollo. En entornos cerrados y hacinados como cárceles, casas de reposos etc., tienen tasas de morbilidad altas, su tasa de incidencia mide el grado en que ocurren casos nuevos de tuberculosis en las cárceles y es útil para determinar las necesidades de las medidas preventivas a tomar, en caso de brotes epidémicos.

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Desde 1980 el número de casos de tuberculosis ha ido aumentando gradualmente a nivel mundial en un 3 % al 6 % cada año. En 1991 hubo un brote en varios presidiarios en Nueva York, donde murieron tras una infección causada por una cepa de Mycobacterium tuberculosis multirresistente a los antimicrobianos antituberculosos. Los epidemiólogos asocian este resurgir de la tuberculosis al fracaso en el suministro de asistencia médica a la población. Estas cepas de M. tuberculosis son resistentes a la mayoría de los antimicrobianos antituberculosos existentes. Estas cepas han surgido de enfermos que no completaron la terapia antimicrobiana prescrita y escaparon al seguimiento médico adecuado.

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Estas cepas mortales multidrogoresistentes a los antituberculosos podrían transmitirse desde los enfermos pertenecientes a los grupos de alto riesgo: coinfecciones (VIH-sida), desnutrición, edad, enfermedades subyacentes, etc., de la población en general.

Para analizar la condición actual del sistema sanitario público de una comunidad, en este caso las cárceles, es necesario medir las tasas de morbilidad de una enfermedad. Existen pasos en la investigación de un brote, de calcular sus tasas de incidencia y prevalencia. Además, es importante calcular la tasa de ataques secundarios. Sin estos datos epidemiológicos de tasas de incidencia, prevalencia y tasa de ataques secundarios, no se pueden hacer los cercos epidemiológicos, para controlar el brote infeccioso de tuberculosis en la cárcel.

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Conociendo estos datos estadísticos y epidemiológicos podemos instaurar cercos epidemiológicos, conocer la realidad de la tuberculosis en las cárceles y actuar. (O)

Jaime Galo Benites Solís, clínico intensivista, Samborondón