Ecuador se encuentra en un momento crucial de su historia, marcado por desafíos abrumadores.
La nación enfrenta una dolorosa combinación de pobreza, falta de oportunidades, delincuencia organizada y corrupción institucionalizada. Las instituciones del Estado, encargadas de proteger y servir a la población, se encuentran debilitadas, incapaces de cumplir su principal propósito: crear un ambiente en el que los ecuatorianos puedan alcanzar sus metas sin la intervención arbitraria de terceros.
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En medio de este panorama desolador, surge una pregunta fundamental: ¿Qué necesita Ecuador para superar estos obstáculos y dejar atrás este oscuro capítulo en su historia?
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El desempleo, la inseguridad y la escasez de oportunidades impactan a todos los niveles de la sociedad, obligando a muchos a considerar la posibilidad de abandonar el país que los vio nacer.
Uno de los mayores problemas que enfrenta Ecuador radica en la perspectiva egoísta de gran parte de su población, en la cual prevalece la preocupación por alcanzar metas personales, incluso si eso implica perjudicar a otros. Este individualismo destructivo se manifiesta en todas las esferas sociales y en diversos escenarios.
Para superar estos desafíos, Ecuador debe abrazar la solidaridad como principio rector de la sociedad. Esto implica abandonar la mentalidad individualista y egocéntrica para adoptar una perspectiva más colectiva y compasiva. La solidaridad es un puente hacia un futuro más promisorio, en el que la prosperidad de uno se convierte en la prosperidad de todos.
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Es un error creer que los problemas como el hambre, la violencia o la pérdida de negocios no nos afectan a todos por igual. La corrupción y la criminalidad son males que socavan los cimientos de nuestra nación y que afectan a cada uno de nosotros. Si no actuamos de manera conjunta y decidida, todos sufriremos las consecuencias.
Para avanzar como país es necesario dejar atrás la mentalidad egoísta que nos ha aquejado durante demasiado tiempo. Debemos reconocer que la corrupción, la delincuencia y la falta de oportunidades nos afectan a todos y que la solidaridad es la respuesta. La solidaridad trasciende la retórica política y se convierte en una fuerza motriz que impulsa el cambio.
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Es hora de que Ecuador abrace la solidaridad como su camino hacia un futuro brillante y justo para todos. (O)
Eliana Génesis Mejía Reasco, abogada, Guayaquil