No sé si es a nivel nacional, pero sí puedo hablar del Registro Civil de la ciudad de Ibarra, puesto que lo viví en carne propia.

Somos de la tercera edad mi esposa y yo, necesitamos renovar nuestros pasaportes, al ingresar a la página del Registro Civil nos alegramos que al ser del grupo “vulnerable” no necesitábamos turno, si no pagar el costo del pasaporte y acudir, con fecha 13 de febrero así lo hicimos, alegres de que por fin estaban dando un buen servicio. La desilusión se inició al traspasar esas puertas, nos enviaron con un supervisor para que nos dé el “turno”, comenzó la mentira al publicitar en la página que no necesitábamos turno, eso se llama publicidad engañosa.

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Luego continuó la desilusión, pues nos indican que nos dan turno para el 21 de marzo. Que desastre de servicio público, con toda seguridad está oficina si fuera privada jamás ocurriría esto. Al conversar en casa, mi hija me cuenta que ya va dos meses ingresando a la página web del Registro intentando conseguir turno para renovar su cédula, lo ha hecho todos los días, ningún día hay turnos. Volviendo a mi relato le doy a conocer al supervisor mi molestia, a lo que me respondió que hay mucha demanda. El sentido común nos indica si hay tanta demanda, incrementen los empleados y brinden un servicio adecuado que no es una dádiva, es obligación de los servicios públicos.

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Pareciera que los directores y ciertos funcionarios públicos llegan a esos puestos, no por capacidad, sino por compromisos políticos, sin idea de lo que hacen y no entienden lo que es una gestión bien hecha y oportuna. Ese saco sin fondo llamado burocracia, con el sueldo mensual seguro, el cargo fijo de por vida, dan un servicio paupérrimo, nadie mide la eficacia y resultados de cada empleado.

El país, rumbo al abismo

Es sorprendente que la mayoría del tiempo nos quejamos de los servicios públicos y casi nunca de los privados. ¿Por qué será? (O)

Eduardo Proaño Paredes, Ibarra