Desde el inicio del mes de abril nos preparamos para celebrar una fecha muy especial que nos permite recordar y honrar a hombres y mujeres que dedicaron gran parte de su vida para formar, guiar y preparar a niños y jóvenes en el conocimiento y el desarrollo del talento humano.

El calendario nos marca el 13 de abril como el Día del Maestro Ecuatoriano, fecha dedicada al ilustre escritor y maestro Juan Montalvo Fiallos nacido en Ambato, motivo por el cual hoy rindo homenaje muy especial a todos los grandes educadores que ejercieron la docencia con vocación, placer de servir y hoy descansan el sueño eterno.

Laboraron con dignidad, acompañados de su gran humildad, paradójicamente olvidados por todos los grandes profesionales, emprendedores y trabajadores en general que una vez fueron sus alumnos y que gracias a estos ilustres maestros son los grandes triunfadores de la vida.

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Siendo la gratitud el espejo del alma del ser humano, recordemos a los grandes héroes de la formación, del saber y del conocimiento cuyo único objetivo fundamental era enseñar, guiar y sacar de la oscuridad a sus pupilos con la certeza de que serían ilustres e independientes personas con valores destinados al progreso de su patria.

Quién no recuerda a sus primeros maestros y su gran presentación, puntuales, pulcros, llenos de humildad, representaban la resiliencia de la vida con lo poco que ganaban, vivieron en la tranquilidad de un hogar, cuya fortuna era la sabiduría que Dios le dio para ejercer la docencia.

Esos grandes héroes de la educación, ciencia y cultura, hoy descansan con la tranquilidad que merecen por haber contribuido y entregado a la sociedad hombres y mujeres valiosos, llenos de virtudes, preparados para continuar con la maravillosa tarea de enarbolar la bandera de la esperanza.

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Los buenos recuerdos son aquellos que nos invitan a soñar con nuestras vivencias y escuchar las voces de ellos, muy sonora entrando a la clase, con saludos, con una gran sonrisa, o como el maestro de literatura, recitando versos como: “¡Y amarle pude! Al sol de la existencia se abría apenas soñadora el alma... Perdió mi pobre corazón su calma desde el fatal instante en que le hallé”; o “Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán”.

Sus nombres nos traen grandes recuerdos. En mi caso, vienen a mi mente don Simón, don Jorge con su mapa, las señoritas Esperanza, Violeta y María Luisa; quisiera nombrarlos a todos, pero esta corta misiva encierra un total agradecimiento a quienes educaron y partieron dejando una estela de ejemplos.

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A todos los maestros de mi patria que vivieron para educar, reciban los más grandes honores basados en sus ejemplos de verdad, equidad y justicia, reciban el premio de la eternidad quedando grabada en los maestros actuales, recordando que tienen en sus manos y corazón las huellas de quienes dejaron una estela de vida maravillosa.

Un recordatorio para quienes hoy ejercen esta noble profesión, esta debe ser impartida con fe y amor, ya que es la más completa, la más exacta, noble y digna de las profesiones que existen en el mundo.

¡Feliz día a las maestras ecuatorianas y a los maestros ecuatorianos! (O)

Alicia de Jesús Carriel Salazar, docente, Guayaquil

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