En Ecuador, convertirse en médico especialista se ha vuelto un camino plagado de obstáculos injustificados. Uno de los más alarmantes es la exigencia de contar con publicaciones científicas en revistas de “alto impacto” como requisito para concursar por un cupo de posgrado médico. Las instituciones formadoras piden a los jóvenes doctores haber publicado en revistas indexadas en Latindex, Scopus, SciELO, PubMed, etc., e incluso que artículos como revisiones bibliográficas aparezcan en publicaciones de alto factor de impacto. Esta exigencia equivaldría a pedir a un recién graduado producir ciencia de primer nivel mundial, cuando ni siquiera se le ha brindado la oportunidad formal de especializarse ni los medios para investigar.

Resulta paradójico que mientras el sistema de salud ecuatoriano sufre por la falta de especialistas, impongamos a nuestros médicos generales condiciones casi inalcanzables para formarse. La mayoría de graduados de Medicina en el país realiza un año de servicio rural obligatorio en zonas con recursos limitados, sin acceso a centros de investigación ni mentores académicos. Pese a ello, deben tratar de “fabricar” publicaciones científicas en su tiempo libre y muchas veces financiar de su bolsillo los costos asociados, todo por unos puntos adicionales en el concurso de méritos​. Estos puntos por investigaciones publicadas representan hasta solo cuatro de 30 puntos en la hoja de vida del aspirante, pero en la práctica se han convertido en un filtro excluyente: quien no los tenga, prácticamente compite en desventaja. Así, profesionales brillantes, pero sin conexiones ni recursos para publicar, quedan relegados, mientras algunos con mayores privilegios logran artículos “a la carrera” para cumplir el requisito.

Habilidades blandas

En otros países, los procesos de admisión a especialidades médicas se centran en el conocimiento y la aptitud clínica, no en requerir trayectoria investigativa previa.

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Exigir publicaciones de alto impacto a médicos que carecen de apoyo institucional para investigar es no solo irreal, sino injusto. ¿Cómo se espera que un médico general que gana un sueldo modesto y trabaja largas horas encuentre el tiempo, los recursos y la asesoría para publicar en revistas internacionales? Este requisito desconoce las brechas de acceso a la educación superior y la inequidad entre quienes pueden costearse congresos, maestrías o estancias de investigación en el extranjero, y quienes apenas tienen oportunidades laborales básicas. Además, esta práctica fomenta una cultura de cantidad sobre calidad.

¿Cómo evitar la diálisis?

La formación de especialistas de calidad no debe supeditarse a criterios mal concebidos que poco dicen del talento clínico de un médico. Insto a las autoridades educativas y de salud a replantear los requisitos de los concursos de posgrado. En lugar de pedir logros investigativos, enfoquémonos en evaluar el mérito real de los candidatos y en brindarles la formación e incentivos necesarios para que, ya en su especialización, puedan desarrollar investigación útil para el país. (O)

Galo Guillermo Farfán Cano, médico y máster en HIV, Guayaquil