Sea un gobierno reelegido o sea uno nuevo la situación se presenta en extremo difícil en un país en el que la población espera recibir de todo y sin que le cueste más. Queremos seguridad, salud y educación principalmente, pero somos uno de los países con menor aporte impositivo sobre nuestros ingresos. La premisa que se escucha siempre es que no queremos pagar porque se “roban” la plata, por ende, si podemos evitarlo simplemente no contribuimos más, a todo nivel socioeconómico, cabe mencionar. Ahí se agota la primera opción del futuro gobierno.

El debate: expectativas y ofrecimientos

La siguiente opción que tendría el gobierno nuevo o reelegido, sería aumentar sus ingresos mediante mayor exportación petrolera, pero esta viene en caída libre desde ya varios meses atrás. Lo que escuchamos siempre, nadie quiere invertir en Petroecuador porque no tiene cuentas claras, ¿cómo puede eso ser posible en este siglo?, pero nos pasa.

¿Debate o riña?

Finalmente, si el tema de aumentar impuestos no convence, ni incrementar la explotación petrolera resulta, el gobierno podría tratar sobre eficiencia y control del gasto público, pero eso genera inconformidad en miles y miles de burócratas casi sagrados que tenemos en nuestro pequeño país. Entonces, el país que le espera al nuevo gobierno resulta no solo complejo de atender, quizás imposible de resolver sus graves problemas. Sin embargo, la docencia y experiencia exigen una solución, al menos desde la esperanza que todos creemos es lo último que se pierde, un gobierno que asuma el costo político de cambiarlo todo, que exija eficiencia, en la recaudación tributaria, en la explotación de nuestro principal recurso, el petróleo, y que anteponga las necesidades de millones antes que las pretensiones de una burocracia insufrible que afecta a cada uno de los ecuatorianos. (O)

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Germán Huayamave Torres, docente universitario, Guayaquil