Por primera vez en muchos años no pude ver la noche de los Óscar, pero al día siguiente, gracias a las bondades del internet, pude ver fragmentos de intervenciones de los ganadores. Como siempre agradeciendo a sus familias, levantando su voz por causas justas, pero hubo una en particular que me llevó a una profunda reflexión.

Una actriz dedicó su premio al “hermoso caos del corazón de una madre”. Qué frase tan profunda y a la vez tan cierta.

Las madres de hoy en día debemos cumplir otros estándares que, en siglos pasados, no tenían. Nuestra edad fértil es justamente una edad en la que debemos empezar, quienes decidimos, a consolidar una carrera profesional. Esta paradoja es compleja, porque quienes queremos formar una familia, cuidar de los nuestros y al mismo tiempo cumplir nuestras aspiraciones profesionales, vivimos también en constante caos.

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Esta eterna elección de qué y cómo debemos hacer las cosas genera dudas, cuestionamientos y temores propios tanto en el proceso de crianza que estamos llevando como de los resultados profesionales que queremos demostrar, es lo que decidimos en libertad y por ende debemos afrontar.

Creo que por primera vez en mucho tiempo escucho un discurso en el que las mujeres no somos catalogadas como superpoderosas. Sentí que humanizaron nuestro proceso real, sensible y vulnerable de aquellas que optamos por ser madres y a la vez profesionales. Evidenció que aquellas que tenemos la fortuna de tener un real compañero de vida, también ocupa un rol vital que muchos hombres son: presentes, que acompañan, que guían y que sostienen. Ese reconocimiento hacia nuestra vulnerabilidad y a la pareja es justo y necesario. La sociedad ha querido formar nuevos estereotipos de la “mujer empoderada” que se confunde con rebeldía, de aquella que todo lo puede sin ayuda de nadie. Cuando debe ser todo lo contrario, es aquella mujer que a pesar de sus vulnerabilidades, puede con esfuerzo, trabajo y ayuda lograr sus más altos objetivos sin menospreciar a nadie.

En esa pequeña pero poderosa frase se entiende que este caos es un proceso propio y único de cada una, que nunca será perfecto y que no debería ser juzgado, pero, sobre todo, es evidenciar que el corazón de una madre siempre estará en caos, en un maravilloso caos mientras somos madres y trabajadoras, pues siempre estaremos pensando en los hijos, la familia y el amor hacia ellos, no necesariamente por imposición o falta de apoyo sino porque somos madres. (O)

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Daniela Febres-Cordero Buendía, politóloga y máster en Intervención Social, Guayaquil