El transporte público urbano es un problema que afecta la salud y la calidad de vida de la población; en Latinoamérica vive el 60% en zonas urbanas y en Europa las tres cuartas partes de la población. Los altos niveles de contaminación causados por los gases que emanan los combustibles han hecho que la Organización Mundial de la Salud clasifique el aire contaminado como cancerígeno. Otro problema es el ruido causado por el tráfico que ya está afectando la capacidad auditiva de las personas, especialmente los conductores cuando incrementan el volumen de los parlantes en los interiores de los vehículos.

En las ciudades como Guayaquil, el modo de vivir es apresurado por los tiempos que emplean para trasladarse y realizar actividades diarias, siendo el estrés, la ansiedad e irritabilidad u otras actitudes negativas lo que va demostrando los cambios de conducta en los conductores que inclusive toman actitudes hostiles, grotescas y muchas veces agresivas ante cualquier autoridad que trate de llamarles la atención. La situación más grave es la desorganización del transporte público que es privado, los conductores paran a recoger al pasajero en cualquier sitio así no esté permitido, no respetan los pasos de cebra ni al peatón, por esa razón ocurren accidentes por atropellamiento. Además, el exceso de pasajeros y la vetustez de los buses hacen que estas unidades sean inseguras e incómodas para los usuarios que utilizan este medio para movilizarse. Calles como la Esmeraldas, los buses de transporte acaparan el tránsito en horas pico inclusive haciendo dos hileras desde la avenida 9 de Octubre hasta la calle Piedrahíta, los choferes paran en cualquier zona sea al principio, intermedio o al final de la calle a recoger pasajeros, a pesar de que hay señalización. En esa calle, las casas mantienen el polvo permanente dentro y fuera y están expuestas constantemente a la contaminación de los gases y al ruido de los automotores.

El Municipio y la Agencia Municipal de Tránsito de Guayaquil deben de emplear sistema de transporte público metropolitano, y no privado, como tienen las ciudades de Europa donde las frecuencias de las líneas tienen señalización y mapeo en las paradas, que son casetas con asientos de espera, y todas las unidades están interconectadas entre sí e inclusive existen los buses nocturnos en las áreas más turísticas. Los pasajeros compran un abono diario o tarjetas mensuales en las oficinas o sitios cercanos a las estaciones, que cuando ingresan los transeúntes lo timbran cerca del conductor conectado a la estación central para el control de los registros, frecuencia y seguimiento vial de cada unidad de los buses metropolitanos. Esas unidades son monitoreadas en su recorrido y paradas por la central de tránsito y son penalizados si se salen de su carril o recogen pasajeros fuera de sus paradas. En el casco urbano de la ciudad se debe de programar a futuro la inclusión de rentas por día de bicicletas para el traslado de los usuarios que trabajan en el centro de la ciudad, como lo tiene España, es la única forma de poder dar mejor calidad de vida y libre de contaminación a las personas que viven en Guayaquil. (O)