Los sucesos del 10 de agosto 1809, con la instalación de la Junta Soberana de Gobierno en Quito, leal al exiliado monarca español Fernando VII, generó la reacción inmediata de la realeza. Para ese entonces, el soberano de España era José I Bonaparte, hombre impopular en las colonias de América, donde no era reconocido como rey legítimo.