Un reciente estudio realizado por el Departamento de Etología de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) sugiere que la experiencia de tener un perro es compleja y tiene tanto aspectos positivos como negativos, que deben ser considerados con cuidado antes de tomar la decisión de adoptar uno.

En las últimas décadas, la población de perros domésticos ha crecido exponencialmente en todo el mundo. Este aumento, impulsado por una gran cantidad de campañas mediáticas, hace que se asuma comúnmente que los perros mejoran la vida de las personas, proporcionándoles compañía y bienestar.

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Sin embargo, no todos los estudios confirman que tener un perro sea la receta para la felicidad. De hecho, investigaciones previas han señalado que los dueños de mascotas no siempre experimentan un mayor bienestar que aquellos sin animales.

La realidad detrás de la “felicidad canina”: beneficios emocionales y sociales

Los resultados del estudio revelaron que, para más del 60% de los dueños, la principal ventaja de tener un perro es la relación significativa que se desarrolla con él. Los perros son percibidos como compañeros leales, honestos y devotos, capaces de aportar bienestar emocional.

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Tener un perro fomenta un estilo de vida más activo, alentando a los propietarios a practicar ejercicio físico y actividades al aire libre. Los beneficios sociales también son significativos, ya que muchas personas mencionaron que su perro les proporciona una estructura diaria que genera estabilidad en sus vidas.

Los costos ocultos: económicos, emocionales y prácticos

Sin embargo, estos beneficios no están exentos de costos. Uno de los puntos más comentados por los participantes del estudio es el aspecto económico. Los costos veterinarios, de alimentación y otros gastos asociados con el cuidado de un perro fueron mencionados por el 95% de los encuestados como los principales inconvenientes.

Además, el cuidado de un perro puede ser emocionalmente demandante, especialmente cuando se enfrentan problemas de comportamiento o enfermedades crónicas que generan preocupaciones constantes en los propietarios.

Compromiso y responsabilidades a largo plazo

Un aspecto clave que surgió en el estudio fue el tiempo y esfuerzo requerido para cuidar de un perro. Los investigadores encontraron que la experiencia de tener un perro se divide en tres componentes principales: beneficios emocionales, físicos y sociales, los cuales son ampliamente positivos; aspectos negativos relacionados con las emociones y los desafíos prácticos; y el compromiso a largo plazo que implica la rutina diaria de cuidado y entrenamiento del perro.

Este último componente fue el más polarizador: mientras que algunos propietarios lo perciben como un desafío que fortalece su vínculo con el perro, otros lo consideran una carga que interfiere con su vida personal.

¿Vale la pena tener un perro?

En términos generales, el estudio subraya que los beneficios de tener un perro superan a los costos, pero la experiencia varía considerablemente según el dueño. La percepción de los desafíos depende en gran medida de las expectativas individuales y las circunstancias personales.

A pesar de que los beneficios emocionales y sociales predominan, los inconvenientes económicos y las responsabilidades diarias son un factor importante a considerar antes de tomar la decisión de adoptar un perro.

Los resultados del estudio muestran que la experiencia de tener un perro es multifacética y no se puede reducir a una simple ecuación de costos y beneficios universales. Aunque los beneficios emocionales y sociales son claros, también es necesario reconocer los costos y responsabilidades asociados con la tenencia de un perro.

Los investigadores insisten en la importancia de un enfoque equilibrado que permita a los futuros propietarios ser conscientes tanto de los aspectos positivos como de los negativos antes de decidirse a adoptar un perro, para reducir la brecha entre expectativas y realidad. (I)