El estudio a profundidad del Archaeopteryx de Chicago parece demostrar que Charles Darwin tenía razón en sus teorías evolutivas. Según investigaciones del Museo Field, el fósil con tejido blando revela detalles históricos sobre la transición anatómica entre dinosaurios y aves.
A través del informe, difundido por Nature, se precisó que este espécimen sería el número 14 de Archaeopteryx, conservado casi completo y sin aplastar. Para su análisis, se hizo uso de herramientas tecnológicas como microtomografía computarizada y exposición a luz ultravioleta.
¿Qué descubrieron los investigadores?
Uno de los hallazgos más destacados de este “taxón icónico” es que en ambas alas se observaron plumas secundarias internas especializadas, a las cuales se les llamó “plumas terciarias”. Al estar ausentes en los dinosaurios no aviares, este rasgo sugiere que estas plumas evolucionaron para lograr el vuelo a través de una superficie aerodinámica continua.
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“La columna vertebral completa revela proatlas pareados y una cola más larga de lo que se había reconocido anteriormente. Los rastros de piel en el dedo mayor derecho de la mano sugieren que el dedo menor era libre y móvil distalmente, en contra de interpretaciones previas. La morfología de las almohadillas plantares indica que estaban adaptadas para la locomoción terrestre no raptora”, detalló el reporte al respecto.
A juicio de los conocedores, preserva datos importantes sobre la transformación esquelética y la evolución del plumaje, en relación con la adquisición del vuelo durante la evolución temprana de las aves.
(I)
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