Ecuagenera da un nuevo paso en su desarrollo de la mano de las nuevas generaciones. Ahora es Gislayne Portilla, de 22 años, quien da el siguiente paso para la evolución de esta empresa dedicada a la producción y exportación de orquídeas.
Su relación con la compañía comenzó en la infancia, pues su padre, José Portilla, es uno de sus fundadores. Esa cercanía hizo que las instalaciones se convirtieran para ella en una segunda casa.
“Siempre acompañaba a mis padres a sus reuniones empresariales y, conforme crecía, los ayudaba a revisar actividades. Me encantaba estar pendiente de todo. Más que una obligación, era pura curiosidad y ganas de aprender”, detalla Gislayne. Así comenzó a conocer el flujo laboral de la empresa, donde más adelante daría sus primeros pasos profesionales hasta convertirse en una de sus nuevas líderes.
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Actualmente, la compañía opera en Ecuador y abrió oficinas en California, Estados Unidos, hace aproximadamente dos años. Allí, esta representante de la generación Z asumió su primer gran reto profesional como gerente.
Se inició en el área logística, coordinando el movimiento interno de las plantas para su traslado de una ciudad a otra y garantizando su seguridad durante el trayecto. En esta etapa pudo observar de cerca el trabajo de su padre y su tío, lo que le permitió adquirir las bases que hoy la ayudan a manejar las operaciones en Estados Unidos.
“Comencé a trabajar con mi familia por un rayón que le hice al carro de mi padre. De esa irresponsabilidad nació en mí la necesidad de enmendar el error y le pedí que me dejara trabajar con él para pagar el arreglo. Poco a poco fui aprendí del negocio, del área logística y administrativa, de todo un poco. Fue una etapa de muchísimo aprendizaje”, relata.
Actualmente continúa sus estudios en Administración de Empresas en San Diego y, al mismo tiempo, lidera un amplio equipo de trabajo. “Estudiar aquí me ha permitido entender mejor el mercado estadounidense y cómo funciona el mundo empresarial desde otra perspectiva. Al inicio fue todo un reto, pero manejar al equipo se ha convertido en parte de mi rutina y ahora lo disfruto al máximo”, comenta Portilla.
Como parte de su identidad, al ser ella una nativa digital, ha implementado diversas estrategias digitales para fortalecer sus ventas y presencia en redes sociales, para así ganar más visibilidad en el mundo y en los mercados en donde estén presentes.
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“Muchas personas prefieren comprar desde casa, así que fortalecimos nuestras ventas online y las transmisiones en vivo, para captar la atención de las personas y aumentar la interacción. Con la creciente demanda, también incorporamos un calendario en Google Meets para que nuestros clientes puedan agendar y recibir un recorrido virtual por la plantación; esta cercanía nos ha permitido crecer en el mercado estadounidense sin perder la calidez de nuestro trato”.
Aunque esta oportunidad le permitió avanzar en su carrera, también implicó un gran cambio personal al trasladarse a Estados Unidos como nuevo lugar de residencia. Al inicio, su vida giraba en torno al trabajo, sin espacio para el descanso; pero poco a poco encontró tiempo para sí misma.
“Ahora trato de ir a pilates en las mañanas o salir a caminar para despejarme antes de clases. Me gusta mantener un equilibrio entre estudio, trabajo y vida personal. También procuro dedicar un momento para ir a la iglesia y tener un espacio de reflexión y conexión con Dios”, asegura la joven empresaria.
En sus días libres disfruta explorar San Diego, ciudad donde reside, y descubrir nuevos sitios para comer, entretenerse o sentarse a leer con una hermosa vista. “Me encanta hacer senderismo y visitar lugares tranquilos cerca del mar, como Sunset Cliffs, donde puedo leer y contemplar atardeceres realmente espectaculares. La lectura es una de mis grandes pasiones: historia, psicología o desarrollo personal; todo lo que me permita aprender y ampliar perspectivas. Y si lo combino con una vista hermosa, no hay nada mejor”, afirma.
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A pesar de que esta etapa le ha permitido conocer nuevos lugares, extraña el aroma y la calidez de su hogar en Ecuador. “Me faltan mi familia y mis amigos. Ecuador siempre será mi país, el lugar al que quiero regresar cada verano o en diciembre”.
Agrega que, cada vez que vuelve, no solo se reencuentra con sus seres queridos, sino también disfruta de la gastronomía, como el encebollado, el cebiche y las empanadas de viento. “Además de la comida, extraño la naturaleza. Ecuador es tan verde y biodiverso, con plantas hermosas en cada ciudad. Esa conexión con lo natural es algo que siempre llevo conmigo, incluso aquí en California”, concluye.



