Por Donatto Barreto Icaza

Desde siempre, la idea de vivir fuera tuvo algo de destino. Durante mis últimos años de colegio, la posibilidad de estudiar en otro país rondaba constantemente mi cabeza, aunque sin una ciudad definida. Investigué, comparé opciones y conversé con quienes ya habían dado ese paso, pero la decisión parecía postergarse. Hasta que, en agosto de 2025, opté por dejar de dudar y elegir Madrid.

Lo que comenzó como un proyecto académico se transformó rápidamente en un desafío personal de largo aliento: una experiencia que exige constancia, carácter y la capacidad de adaptarse a un ritmo completamente distinto.

Instalarme cerca del Parque del Retiro, en el centro de la ciudad, ha sido uno de los grandes aciertos. En ocasiones, al caer la tarde, salgo a correr entre sus senderos. No es un hábito diario, pero cada vez que lo hago encuentro un espacio para ordenar ideas y reconectar con el propósito que me trajo hasta aquí.

Boleto a... Paris Fashion Week

El deporte ocupa un lugar central en esta nueva etapa. Entre el gimnasio y mi participación en el equipo de fútbol de la Universidad CEU San Pablo, he encontrado una disciplina que trasciende lo físico. Jugar para la universidad implica compromiso y una mentalidad enfocada en la mejora continua.

La rutina entre semana comienza temprano. A las seis de la mañana suena la alarma y el día se activa con precisión.

Estudio Marketing y Relaciones Públicas en jornada matutina, una carrera de cuatro años que demanda constancia y enfoque. Al mismo tiempo, tener mis documentos en regla –la visa de estudiante y la Tarjeta de Identidad de Extranjero (TIE)– me permite trabajar hasta 30 horas semanales. Mi experiencia previa en Ecuador, donde trabajé como cajero en una cadena de supermercados, ha sido clave para adaptarme al entorno laboral aquí. Los ingresos, que pueden oscilar entre 800 y 1.000 euros mensuales en empleos de medio tiempo, ayudan a sostener una parte importante de la vida en la ciudad.

Entre arriendo, transporte, alimentación y gastos básicos, el presupuesto mensual puede superar fácilmente los 800 o 1.200 euros, dependiendo del estilo de vida y la zona. Administrar el dinero deja de ser opcional y se convierte en una habilidad esencial.

Madrid, además, ofrece una dinámica que equilibra esa intensidad. Siempre hay algo por descubrir: desde caminar sin rumbo fijo hasta compartir un café o asistir a un partido. Lugares como el Parque del Retiro, la Gran Vía, la Plaza Mayor o la fuente de Cibeles forman parte de un recorrido personal que se repite y se redescubre.

No todo es fácil. Hay días en los que la distancia pesa más y el silencio recuerda todo lo que quedó atrás. Sin embargo, esos momentos también forman parte del proceso. Aprender a estar solo, a resolver y a sostenerse es parte del crecimiento.

Dejar el hogar a los 19 años no es una decisión menor. Supone asumir responsabilidades, enfrentar la distancia y construir una independencia real. En ese camino, el apoyo de mi familia ha sido fundamental, así como la presencia constante –aunque a la distancia– de mi pareja.

Con el tiempo, uno entiende que vivir fuera no se limita a estudiar. Es aprender a adaptarse, a tomar decisiones y a valorar lo que se tiene. Entre el fútbol, los estudios y las relaciones que se construyen, esta etapa adquiere un significado propio. Porque, incluso en los días más exigentes, todo lo que se vive lejos de casa es parte de lo que uno está construyendo.

  • Costo promedio de alquiler de departamento: 700 euros
  • Costo promedio de alimentación mensual: 100 euros
  • Movilización para estudiantes (bus y metro): 10 euros